Test Jun. 2012 | Seite 78

hasta un lote de hooligans que cantaban a capella, parecían circunspectos y un poco estirados. Además, no había curas, ni siquiera monjas. Ni Javier ni la maleta abandonaron el vagón de primera. No bien el convoy empezó nuevamente a moverse (ahora iba hacia atrás), el compartimiento fue invadido por un inspector que pidió los billetes en tres idiomas, que no eran precisamente los de Suiza. Javier habría jurado que se trataba de holandés, portugués y catalán. Le mostró al políglota su eurailpass. El uniformado lo examinó sin el menor interés y se lo devolvió con un gesto tembloroso. Luego advirtió la presencia de la valija enigmática y preguntó si le pertenecía. Lo hizo probablemente en esperanto pero el sentido era inconfundible. Javier negó con su cabeza y con su gorra. El inspector extrajo de su cartera un plumerito y se lo pasó a la maleta, que en verdad estaba un poco polvorienta. Luego se fue sin saludar. Ahora el paisaje no era de chimeneas ni de corderos. Había puentes, túneles y una autopista con una interminable hilera de automóviles atascados por culpa de un enorme camión semivolcado y un ciclista aparentemente muerto, rodeado de curiosos y policías. No sabía calcular las varias horas transcurridas desde esa imagen y la entrada del tren en la enorme estación de Frankfurt. Él había creído que la próxima era París, pero los carteles de Eingang, Ausgand, Wechsel, se fueron acumulando en su retina. Tampoco aquí abandonó el vagón de primera. La dura maleta gris se había convertido en su familia. Esta vez el inspector de turno habló en alemán con acento bávaro y cuando él le enseñó espontáneamente el eurailpass, sonrió abiertamente y dijo: gute Reise. No se fijó en la valija compañera, y cuando se fue silbaba muy quedamente una tonada que Javier identificó como la gastadísima O Tannenbaum. El tren arrancó, esta vez hacia adelante, entre los aplausos de la gente que llenaba la plataforma 5 y Javier reconoció un solo rostro: el del camarero gallego que lo había atendido alguna vez en el hotel Cornavin. ¿Por qué no estaba en Ginebra y sí en Frankfurt? 85 Pocket Andamios.p65 85 31/5/00, 13:56