aquí ya no me refiero a la tortura, cuya asquerosidad es obvia, sino a los orines, la mierda, los vómitos, tuyos o de tu par de celda, repugnancias con las que estás obligado a convivir. Durante aproximadamente un año aprovechás la soledad para pensar, para hacer el más riguroso balance de tu maldita vida, porque cuando estás libre, en plena actividad, entre las horas de trabajo para ganarte el sustento y las urgencias de la militancia, no te queda ni un huequito de tiempo para pensar. En cambio, en la celda, tiempo es lo que te sobra. Sin embargo, transcurrido ese período de introspección, de autoanálisis, de cordón sanitario alrededor de tus errores, un día cualquiera la soledad empieza a pasarte, y si tenés socio de calabozo, incluso empieza a pasarte la soledad del otro, porque en esa curiosa relación hay una etapa de intercambio de recuerdos, de nostalgias, de remordimientos, pero llega un momento en que cada uno lo sabe todo de ese próximo prójimo; sabe a qué colegio fue, de qué maestra estuvo enamorado, en qué zaguán acarició los pechitos de la primera novia, cuándo y por qué sus padres se separaron, cuál fue el acontecimiento clave de su vida, cuándo le contagiaron la rubéola o la tos convulsa le desgarró la garganta, a quién votó por vez primera, cómo le fue en su fase de camionero o de contador público o de zaguero izquierdo o de oficial tornero o de agente de quinielas, cómo se lleva o se llevaba con su suegro socialista o su cuñado pachequista. Pero el día en que uno mismo o el ?contiguo? empieza a elogiar la bombachita negra que su mujer se ponía para las noches de aniversario, o del lunar que ella o la otra tienen en el borde del ombligo, eso quiere decir que la historia verdadera se agotó, y que a partir de ahí empezarán a mentir, a inventarse hazañas o cobardías, a adornarse con luces y sombras que no son las suyas. Y entonces sobrevendrá el silencio, primero de uno, luego del otro, y por último de ambos, y ese silencio compacto, ese mutismo a dos voces, esa tregua no concertada, bueno, ésa es la verdadera soledad, porque todo queda adentro y se enquista, y la memoria hace y deshace ovillo tras ovillo, y en la caverna de uno mismo no hay
65
Pocket Andamios.p65
65
31/5/00, 13:55