?Raquel. Usted no la conoce. ?¿No se llamaba así aquella muchachita muy graciosa que todos los días vos acompañabas hasta su casa? ?No, ésa era María Luisa. Tiene razón que era graciosa, pero un día se fue con sus padres a Recife. Don Ángelo lo miró con ojos tristes. Entonces, para exiliarse de aquel recuerdo tan lejano, Javier le contó por primera vez su catástrofe de las gerras púnicas, y don Ángelo recuperó por fin las antiguas arrugas de su risa.
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