11 Le había sucedido un 28 de diciembre, ya no recuerda de qué año. Día de Inocentes. Ya lo habían hecho caer como en diez inocentadas. Siempre le ocurría así. En cambio él nunca se proponía hacer caer a los demás. Le parecía un juego infantil, pero, aparte de infantil, estúpido. Cuando entró en el ascensor del Municipio, junto con una multitud de eventuales contribuyentes, que, a medida que el aparato hacía escala en los distintos pisos, se iba desgranando, creyó distinguir que el rostro de una mujer joven, en el ángulo opuesto al suyo, era el de Raquel. Cuando iban por el octavo y ya sólo quedaban cinco personas, ella lo miró sonriendo y movió los labios, pronunciando en silencio su nombre. Desde aquella temporadita en la playa, sólo se habían visto desde lejos: una vez en Avenida Brasil, él estaba en una esquina y ella pasó en un taxi, y otra vez en la platea del Solís, pero no se habían hablado. Cuando llegaron al décimo, ambos dejaron el ascensor. Se besaron con besos mejillones y él le preguntó a qué oficina iba. Raquel rió y dijo que iba a una del segundo, pero que cuando lo vio había decidido no bajarse. Él en cambio iba al tercero, pero ídem ídem. Ante la doble inocentada, allí nomás decidieron que ninguno de sus trámites era lo suficientemente urgente como para impedirles que bajaran de nuevo a la calle y se metieran en un café frente al Gaucho. Javier la encontró lindísima y se lo dijo. ?Vos tampoco estás mal. Y ahí se dieron cuenta de que ambos habían enrojecido. ?Hace tiempo que me gustás ?dijo Javier?, pero allá en la playa vos tenías otras preferencias. ?Y yo tratando de darte celos con el pesado de Marcial y vos ni te enterabas. ?Tenemos que recuperar el tiempo perdido ?dijo Javier. ?Tenemos que recuperarlo ?dijo ella, con determinación.
59
Pocket Andamios.p65
59
31/5/00, 13:55