Test Jun. 2012 | Page 30

años más viejo. Y ambos eran flacos, o sea que no tendrían que hacer tratamiento para adelgazar. Tuvo que esperar tres meses, exactamente hasta la fiestita de fin de cursos. Nieves no quería ir, estaba muy ocupada con unos arreglos de la casa. Tampoco prometieron concurrir los hermanos de Javier. ?Nunca insististe para que fuéramos a esa basura de fiesta. ¿Qué bicho te ha picado este año? Javier aceptó que sus hermanos le negaran apoyo, pero su asedio a la madre se volvió poco menos que insoportable. ?Van a asistir todas las madres, sólo vos vas a faltar, don Ángelo se va a ofender. ?Pero, Javier, si el maestro es tan bueno como vos siempre me contás, no se va a molestar porque falte una de las madres, sobre todo si vos le explicás que tengo mucho trabajo en la casa. ?No, Nieves, no lo va a entender, porque durante el año me trató muy bien, me ayudó muchísimo, me ha inculcado [dijo así: inculcado] el gusto por la lectura, si te fijás tengo mucho mejores notas que en años anteriores, cuando sólo tuve maestras. Y se puso solemne para añadir un argumento irrebatible: ?Y eso, todo eso, una madre tiene que agradecerlo. Paradójicamente, fue esa última cursilería la que convenció a Nieves y decidió ir a la fiestita. ¡Y Nieves y don Ángelo al fin se conocieron! Javier los distinguía desde lejos (no podía estar con ellos, porque participaba en el acto artístico, recitando tres sonetos, de quién iba a ser, de Juan Cunha), veía que conversaban animadamente y fue concibiendo tantas esperanzas, que al final trabucó dos tercetos de su poeta dilecto, aunque por fortuna nadie se dio cuenta. Cuando estuvieron de vuelta en la casa, Javier, radiante, se enfrentó a Nieves: ¿Y qué tal? ¿Qué le había parecido el maestro? Nieves hizo un extraño movimiento (que para el hijo resultó indescifrable) con las manos y dijo que parecía buena gente, que era amable, que indudablemente disfrutaba enseñando, pero cuando se saludaron se dio 37 Pocket Andamios.p65 37 31/5/00, 13:55