bien un tedio insoportable. Estos autores deben creer que los niños somos idiotas, murmuraba, que sólo entendemos los diminutivos. Y dale con el perrito, el gatito, el torito, la nenita, el papito. Juan Cunha no escribía en serio y sin diminutivos. No obstante, y a pesar de las rondas, a Javier le gustaba don Ángelo. El maestro no hablaba nunca de su vida personal. Pero poco a poco ellos habían ido averiguando algunos pormenores. Vivía a siete u ocho cuadras del colegio. Todavía no sabían si era soltero, viudo o divorciado. Pero no tenía hijos. En la casa (jardincito, fondo con gallinas, patio descubierto y con glorieta) sólo residían él y su madre. No habían averiguado quién era el huésped y quién el anfitrión. La madre era alta y delgada, muy activa. Algunas tardes se sentaba a leer en el jardincito y otras veces se entretenía en aporrear un viejo piano que tenían en la salita, junto al balcón. Su repertorio se componía de milongas criollas, algún chamamé (su preferido era El rancho de la cambicha) y sobre todo canzonetas napolitanas (O sole mio, Catarí), pero no cantaba, simplemente tecleaba la melodía, cortedad que el vecindario (sin decírselo, claro) le agradecía. A los pocos meses de conocer al maestro, y sobre todo después de enterarse de que tenía madre pero no mujer, a Javier le vino una inspiración. ¡Su madre, claro! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Su madre llevaba varios años de viudez, era joven aún y al menos a Javier le parecía linda. Y simpática. Y alegre. Una persona que sabía reírse. Y contagiaba la risa. Cuando el padre de Javier murió, Nieves había pasado dos años sin reírse. Toda la casa callaba, primero de rabia y después de tristeza. Sin la alegría de Nieves, aquello no era hogar. Ni familia. Gervasio y Fernanda, los dos hermanos mayores de Javier, no paraban en casa. Esto es un velorio, decían. Y fue precisamente gracias a Javier, que la madre recuperó su risa. A Javier le atraía la historia y, aunque nada de eso figuraba en los programas de primaria, siempre conseguía que alguien le prestara manuales sobre Egipto, Grecia, Roma, etcétera, y a menudo escribía breves resúmenes sobre fi35
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