Sus palabras resonaron roncas en medio de la noche:
—Cuando surqué estas aguas con el cadáver de mi hermano, el Corsario Rojo, hice un
juramento. ¡Maldita sea esa noche fatal que matará a la mujer que adoro!...
— ¡ Comandante! —dijo Morgan, acercándose.
—¡Silencio! —aulló el Corsario, con la voz quebrada—. ¡Aquí mandan mis
hermanos!
Un estremecimiento de supersticioso terror recorrió a los tripulantes. El m