Test Drive | Página 91

—Los heridos murieron; el catalán ya debe estar en Gibraltar. La ciudad opondrá una dura resistencia. —Sí; temo que muchos de los nuestros no podrán comer esta noche. Los primeros tiros que se escucharon desde las avanzadas, les advirtieron que estaban a la vista de la ciudad. El Olonés, el Vasco y el Corsario Negro corrieron al encuentro de los exploradores. Pero no se trataba de un contraataque sino que de un tiroteo de reconocimiento. Sin embargo, ya no era posible ocultarse y el Olonés ordenó acampar en espera de que amaneciera. Las defensas enemigas parecían inexpugnables. Sobre una colina se veían dos poderosas fortificaciones almenadas, en las que ondeaba el estandarte español. —¡Por las arenas de Olón! —frunció el ceño el filibustero. Nos será muy difícil apoderarnos de esos dos fuertes sin escalas ni artillería. —Sobre todo con el camino cortado. Hay empalizadas y baterías en él. Tendremos que atacar bajo el fuego de los cañones. —Sí. Y tender puentes improvisados sobre ese pantano. Por la llanura no podremos pasar, porque está inundada. —¡El comandante conoce bien todas las alternativas de la guerra! —dijo el Corsario Negro, pensativo. —Así lo veo. —¿Qué piensas hacer, Pedro? —Probar suerte, caballero. No podemos retroceder ante nuestros hombres. Jamás volverían a confiar en nosotros. —Es cierto, Pedro. Se vendría al suelo nuestra fama de corsarios audaces e invencibles. Además, en ese fuerte está mi mortal enemigo. —Actuemos —dijo el Olonés—. Dejo en tus manos y en las del Vasco a la mayoría de los filibusteros. Utilicen el pantano para llegar hasta la colina. Yo daré la vuelta, y protegido por la arboleda intentaré llegar al pie de las murallas del primer fuerte. —¿Y qué harás sin esc