Test Drive | страница 42

—A los que no han sido vengados —repuso él. —¿A sus hermanos, talvez? —¡Talvez! Regresó a la mesa y llenó dos vasos de vino. —¡A su salud, señora! —dijo, sonriendo forzadamente—. Es tarde. Es hora de que vuelva a su barco. —El mar ya está calmo, caballero. No hay peligro para la chalupa que ha de trasbordarme. El Corsario pareció serenarse. —¿Quiere usted acompañarme un rato más, señora? —Si a usted no le molesta. —¡Molestarme! ¡Oh, no! Pero..., ¿me equivoco o usted tiene alguna otra razón para continuar aquí? —Es posible, caballero. —Hable, se lo ruego. Usted me quita mi tristeza. —Dígame, caballero, ¿por qué usted odia tanto al hombre de que quiere vengarse? — preguntó ella dulcemente. —Porque mató y destruyó a mi familia completa, señora. Hace dos noches, apenas, hice un juramento que mantendré aunque me cueste la vida. —Ese hombre, ¿se encuentra ahora en América? —¡Sí! —¿Quién es? ¿Puede usted decírmelo? —preguntó ansiosamente. —Ya es tarde, señora, y usted debe trasbordar. Se dirigió al negro, que permanecía en un rincón: —¿Lista la chalupa? —Sí, comandante. El Corsario ofreció el brazo a la joven y la llevó a cubierta. Ante la escala, dijo: —Buenas noches, señora. Ella le tendió su mano y sintió temblar la del Corsario. —Gracias por todo, caballero. Página 42