—¿Abordaremos?
—Ya se verá.
Morgan y el contramaestre se dirigieron al castillo de proa, donde había cuarenta
hombres con el hacha de abordaje colocada delante y un fusil en la mano.
—¡En pie! —ordenó—. ¡Preparen los bichos de lanzamiento!
Los cuarenta hombres se pusieron en silencio a la faena de los bicheros y a levantar
barricadas con barriles llenos de hierro, en el caso de que el enemigo ocupara el barco.
Si temían al Corsario Negro, no menos miedo tenían de Morgan, tan audaz como su
jefe. De origen inglés, había emigrado a América. Había hecho sus pruebas de modo
sorprendente bajo las órdenes del famoso corsario Mausfled. Pero luego había superado a
todos los filibusteros más célebres con la famosa expedición a Panamá, considerada com