––En efecto.
––Que a usted le pareció una llamada de auxilio.
––Sí, porque agitaba las manos.
––Pero podría haberse tratado de un grito de sorpresa. El asombro, al verla de pronto a
usted, podría haberle hecho levantar las manos.
––Es posible.
––Y a usted le pareció que tiraban de él desde atrás.
––Como desapareció tan bruscamente...
––Pudo haber saltado hacia atrás. Usted no vio a nadie más en la habitación.
––No, pero aquel hombre confesó que había estado allí, y el marinero se encontraba al
pie de la escalera.
––En efecto. Su esposo, por lo que usted pudo ver, ¿llevaba puestas sus ropas
habituales?
––Pero sin cuello. Vi perfectamente su cuello desnudo.
––¿Había mencionado alguna vez Swandam Lane?
––Nunca.
––¿Alguna vez dio señales de haber tomado opio?
––Nunca.
––Gracias, señora St. Clair. Estos son los principales detalles que quería tener
absolutamente claros. Ahora comeremos un poco y después nos retiraremos, pues
mañana es posible que tengamos una jornada muy atareada.
Teníamos a nuestra disposición una habitación amplia y confortable, con dos ca