Test Drive | Seite 71

en el cuello y los puños. Permaneció inmóvil, con su silueta recortada contra la luz, una mano apoyada en la puerta, la otra a medio alzar en un gesto de ansiedad, el cuerpo ligeramente inclinado, adelantando la cabeza y la cara, con ojos impacientes y labios entreabiertos. Era la estampa viviente misma de la incertidumbre. ––¿Y bien? ––gimió––. ¿Qué hay? Y entonces, viendo que éramos dos, soltó un grito de esperanza que se transformó en un gemido al ver que mi compañero meneaba la cabeza y se encogía de hombros. ––¿No hay buenas noticias? ––No hay ninguna noticia. ––¿Tampoco malas? ––Tampoco. ––Demos gracias a Dios por eso. Pero entren. Estará usted cansado después de tan larga jornada. ––Le presento a mi amigo el doctor Watson. Su ayuda ha resultado fundamental en varios de mis casos y, por una afortunada casualidad, he podido traérmelo e incorporarlo a esta investigación. ––Encantada de conocerlo ––dijo ella, estrechándome calurosamente la mano––. Estoy segura que sabrá disculpar las deficiencias que encuentre, teniendo en cuenta la desgracia tan repentina que nos ha ocurrido. ––Querida señora ––dije––. Soy un viejo soldado y, aunque no lo fuera, me doy perfecta cuenta de que huelgan las disculpas. Me sentiré muy satisfecho si puedo resultar de alguna ayuda para usted o para mi compañero aquí presente. ––Y ahora, señor Sherlock Holmes ––dijo la señora mientras entrábamos en un comedor bien iluminado, en cuya mesa estaba servida una comida fría––, me gustaría hacerle un par de preguntas francas, y le ruego que las respuestas sean igualmente francas. ––Desde luego, señora. ––No se preocupe por mis sentimientos. No soy histérica ni propensa a los desmayos. Simplemente, quiero conocer su auténtica opinión. ––¿Sobre qué punto?