con fines políticos, sobre todo para aterrorizar a los votantes negros y para asesinar o
expulsar del país a los que se oponían a sus ideas. Sus ataques solían ir precedidos de una
advertencia que se enviaba ala víctima, bajo alguna forma extravagante pero reconocible:
en algunas partes, un ramito de hojas de roble; en otras, semillas de melón o de naranja.
Al recibir aviso, la víctima podía elegir entre abjurar públicamente de su postura anterior
o huir del país. Si se atrevía a hacer frente a la amenaza, encontraba indefectiblemente la
muerte, por lo general de alguna manera extraña e imprevista. L