necesita. Ahora bien, para un caso como el que nos han planteado esta noche es evidente
que tenemos que poner en juego todos nuestros recursos. Haga el favor de pasarme la
letra K de la Enciclopedia americana que hay en ese estante junto a usted. Gracias.
Ahora, consideremos la situación y veamos lo que se puede deducir de ella. En primer
lugar, podemos comenzar por la suposición de que el coronel Openshaw tenía muy
buenas razones para marcharse de América. Los hombres de su edad no cambian de
golpe todas sus costumbres, ni abandonan de buena gana el clima delicioso de Florida por
una vida solitaria en un pueblecito inglés. Una vez en Inglaterra, su extremado apego a la
soledad sugiere la idea de que tenía miedo de alguien o de algo, así que podemos adoptar
como hipótesis de trabajo que fue el miedo a alguien o a algo lo que le hizo salir de
América. ¿Qué era lo que temía? Eso sólo podemos deducirlo de las misteriosas cartas
que recibieron él y sus herederos. ¿Recuerda usted de dónde eran los matasellos de esas
cartas?
––El primero era de Pondicherry, el segundo de Dundee, y el tercero de Londres.
––Del este de Londres. ¿Qué deduce usted de eso?
––Todos son puertos de mar. El que escribió las cartas estaba a bordo de un barco.
––Excelente. Ya tenemos una pista. No cabe duda de que es probable, muy probable,
que el remitente se encontrara a bordo de un barco. Y ahora, consideremos otro aspecto.
En el caso de Pondicherry, transcurrieron siete semanas entre la amenaza y su ejecución;
en el de Dundee, sólo tres o cuatro días. ¿Qué le sugiere eso?
––La distancia a recorrer era mayor.
––Pero también la carta venía de más lejos.
––Entonces, no lo entiendo.
––Existe, por lo menos, una posibilidad de que el barco en el que va nuestro hombre, u
hombres, sea un barco de vela. Parece como si siempre enviaran su curioso aviso o
prenda por delante de ellos, cuando salían a cumplir su misión. Ya ve el poco tiempo
transcurrido entre el crimen y la advertencia cuando ésta vino de Dundee. Si hubieran
venido de Pondicherry en un vapor, habrían llegado al mismo tiempo que la carta. Y sin
embargo, transcurrieron siete semanas. Creo que esas siete semanas representan la
diferencia entre el vapor que trajo la carta y el velero que trajo al remitente.
––Es posible.
––Más que eso: es probable. Y ahora comprenderá usted la urgencia mortal de este
nuevo caso y por qué insistí en que el joven Openshaw tomara precauciones. El golpe
siempre se ha producido al cabo del tiempo necesario para que los remitentes recorran la
distancia. Pero esta vez la carta viene de Londres, y por lo tanto no podemos contar con
ningún retraso.
––¡Dios mío! ––exclamé––. ¿Qué puede significar esta implacable persecución?
––Es evidente que los papeles que Openshaw conservaba tienen una importancia vital
para la persona o personas que viajan en el velero. Creo que está muy claro que deben ser
más de uno. Un hombre solo no habría podido cometer dos asesinatos de manera que
engañasen a un jurado de instrucción. Deben ser varios, y tienen que ser gente decidida y
de muchos recursos. Están dispuestos a hacerse con esos papeles, sea quien sea el que los
tenga en su poder. Así que, como ve, K. K. K. ya no son las iniciales de un individuo,
sino las siglas de una organización.
––¿Pero de qué organización?
––¿Nunca ha oído usted... ––Sherlock Holmes se echó hacia adelante y bajó la voz––
...nunca ha oído usted hablar del Ku Klux Klan?
––Nunca.
Holmes pasó las hojas del libro que tenía sobre las rodillas.
––Aquí está ––dijo por fin––. «Ku Klux Klan: Palabra que se deriva del sonido
producido al amartillar un rifle. Esta terrible sociedad secreta fue fundada en los estados
del sur por excombatientes del ejército confederado después de la guerra civil, y
rápidamente fueron surgiendo agrupaciones locales en diferentes partes del país, en
especial en Tennessee, Louisiana, las Carolinas, Georgia y Florida. Empleaba la fuerza