Test Drive | Page 55

casa, y allí solía hacer ejercicio, aunque muchas veces no salía de su habitación en semanas enteras. Bebía mucho brandy y fumaba sin parar, pero no se trataba con nadie y no quería amigos; ni siquiera quería ver a su hermano. »No le importaba verme a mí, y de hecho llegó a cogerme gusto, porque la primera vez que me vio era un chaval de doce años. Esto debió ser hacia mil ochocientos setenta y ocho, cuando ya llevaba ocho o nueve años en Inglaterra. Le pidió a mi padre que me permitiera ir a vivir con él, y se portó muy bien conmigo, a su manera. Cuando estaba sobrio, le gustaba jugar al backgammon y a las damas, y me nombró representante suyo ante la servidumbre y los proveedores, de manera que para cuando cumplí dieciséis años yo ya era el amo de la casa. Controlaba todas las llaves y podía ir donde quisiera y hacer lo que me diera la gana, siempre que no invadiera su intimidad. Había, sin embargo, una curiosa excepción, porque tenía un cuartito, una especie de trastero en el ático, que siempre estaba cerrado y en el que no permitía que entrara yo ni ningún otro. Con la curiosidad propia de los chicos, yo había mirado más de una vez por la cerradura, pero nunca pude ver nada, aparte de la obligada colección de baúles y bultos viejos que es de esperar en una habitación así. »Un día... esto fue en marzo de mil ochocientos ochenta y tres... depositaron una carta con sello extranjero sobre la mesa del 6