Test Drive | Page 31

Se cargaron las válvulas, se reforzó la alimentación de car-bón y se activó el funcionamiento de los ventiladores sobre el fuego. Aumentó la velocidad del Abraham Lincoln hasta el punto de hacer temblar a los mástiles sobre sus carlingas. Las chimeneas eran demasiado estrechas para dar salida a las espesas columnas de humo. Se echó nuevamente la corre-dera. ¿Y bien, timonel? preguntó el comandante Farragut. Diecinueve millas y tres décimas, señor. ¡Forzad los fuegos! El ingeniero obedeció. El manómetro marcó diez atmós-feras. Pero el cetáceo acompasó nuevamente su velocidad a la del barco, a la de diecinueve millas y tres décimas. ¡Qué persecución! No, imposible me es describir la emo-ción que hacía vibrar todo mi ser. Ned Land se mantenía en su puesto, preparado para lan-zar su arpón. En varias ocasiones, el animal se dejó aproximar. ¡Le ganamos terreno! gritó el canadiense. , Pero en el momento en que s RF