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la persecución a ultranza de que son víctimas estos ani-males les ha llevado a refugiarse en los mares de las altas lati-tudes. Considerables han sido el papel y la influencia ejercidos por las ballenas en el mundo marino y en los descubrimien-tos geográficos. Fueron ellas las que atrayendo a los vascos primero y luego a los asturianos, ingleses y holandeses les estimularon a arrostrar los peligros del océano y les condu-jeron de una extremidad a otra de la Tierra. Las ballenas sue-len frecuentar los mares australes y boreales. Antiguas le-yendas pretenden incluso que estos cetáceos atrajeron a los pescadores hasta siete leguas tan sólo del Polo Norte. Si el hecho es falso, será verdadero algún día, porque probable-mente será la caza de la ballena en las regiones ártica o antár-tica la que lleve a los hombres a alcanzar esos puntos desco-nocidos del Globo que son los Polos. Estábamos sentados sobre la plataforma. El mar estaba en bonanza. El mes de marzo, equivalente en esas latitudes al de septiembre, nos procuraba hermosos días de otoño. Fue el canadiense quien avistó una ballena en el horizonte, al Este. No podía él equivocarse. Mirando atentamente, se veía el lomo negruzco de la ballena elevarse y descender alternati-vamente sobre la superficie del mar, a unas cinco millas del Nautilus. ¡Ah! exclamó Ned Land . ¡Si estuviera yo a bordo de un ballenero, he ahí una vista que me haría feliz! Es un animal de gran tamaño. Fíjense con qué potencia despiden sus espiráculos columnas de aire y vapor. ¡Mil diantres! ¿Por qué he de verme encadenado a este armatoste metálico? Así, Ned le dije , todavía vive en usted el viejo pesca-dor.. ¿Cree usted, señor, que un pescador de ballenas puede olvidar su antiguo oficio? ¿Es que puede uno hastiarse algu-na vez de las emociones de una caza como ésa? ¿No ha pescado nunca en estos mares, Ned? Nunca, señor. únicamente en los mares boreales, tanto en el estrecho de Bering como en el de Davis. -Entonces, la ballena austral le es desconocida. La que ha pescado usted hasta ahora es la ballena franca que nunca se arriesgaría a atravesar las aguas cálidas del ecuador. ¿Qué es lo que me está usted diciendo, señor profesor? tono que denotaba su in-credulidad. me replicó el canadiense, en un Digo lo que es. ¿Ah, sí? Pues, mire usted, el que le está hablando, en el año 65, o sea, hace dos años y medio, capturó, cerca de Groenlandia, una ballena que llevaba aún en su flanco el arpón marcado de un ballenero de Bering. Pues bien, yo le pregunto cómo un animal arponeado al oeste de América pudo venir a hacerse matar al Este sin haber franqueado el ecuador, tras haber pasado ya sea por el cabo de Hornos, ya por el de Buena Esperanza.