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Anastasio Ovejero Bernal
Más que un territorio que comparte con otras disciplinas como la sociología o la antropología (la conducta agresiva, la comunicación interpersonal, etc.), la psicología social puede ser considerada, y así lo ha sido a
veces, como una perspectiva, que «se define por la existencia de una posición relacional que intenta desentrañar los enigmas del comportamiento
individual y colectivo a partir de la confluencia e intersección de diversos
niveles y variables que establecen entre ellas una permanente relación de
interdependencia» (Blanco, 1993, pág. 19). En todo caso, las relaciones de
la psicología social con las demás ciencias sociales y humanas, sobre todo
con algunas (psicología, sociología, antropología, lingüística), son algo más
que meras relaciones de vecindad: se trata realmente de relaciones de constitución de nuestra disciplina. Es más, «todas las ciencias humanas están,
evidentemente, en relación las unas con las otras. Sin perjuicio de los servicios que puedan prestarles en reciprocidad, no hay probablemente una disciplina a la que la psicología social no haya rendido, de manera efectiva y
precisa, alguna ayuda aprovechable... Las diversas ciencias humanas trabajan sobre una materia común, distinguiéndose sobre todo por sus puntos
de vista» (Stoetzel, 1966, pág. 31). Y es que los límites entre la psicología
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