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El giro posmoderno y las orientaciones alternativas:… 405 minos psicología y posmodernidad son incompatibles, y psicología posmoderna es una contradicción en los términos. Y es que si entendemos la psicología como la ciencia del sujeto, al desaparecer el sujeto en la posmodernidad, una de dos, o bien desaparece la psicología o bien se reconvierte y se hace, por ejemplo, no ciencia del sujeto sino ciencia de las relaciones (Gergen, 1996). Más aún, en una época posmoderna, la psicología tiene que dejar de ocuparse de la psique para ocuparse del campo cultural: no psicología individual, sino psicología cultural (Ovejero, 1997, capítulo 1), centrándose sobre todo en la construcción lingüística y social de la realidad, y en la influencia del ambiente social y las relaciones interpersonales sobre el «Yo». Y esta nueva psicología posmoderna por fuerza tiene que abrirse al más amplio y fructífero enfoque interdisciplinar y multimetodológico, donde los análisis cualitativos y lingüísticos sean realmente protagonistas. En este sentido, la propuesta de Gergen (1992b) es interesante: en una época posmoderna, la psicología ya no puede ser la ciencia del individuo y de la psique. ¿Qué quedaría entonces? No está en absoluto de acuerdo Gergen con quienes proponen la desaparición de la psicología, sino que piensa que, por el contrario, el giro posmoderno enriquece a la psicología, que tendría estas tres importantes funciones (Gergen, 1992b): 1) Avance tecnológico: queda la psicología como tecnología. Las críticas posmodernas ponen en tela de juicio los avances teóricos de la psicología, pero no sus avances técnicos: en situaciones prácticas, la capacidad de predicción de la psicología puede ser alta y sumamente útil, aunque luego no sepamos realmente a qué se debe; 2) Crítica cultural: queda también el potencial de la psicología como crítica cultural. Los avances tecnológicos de la psicología son interesantes, pero también peligrosos. De ahí que deban ser complementados con la vertiente de crítica cultural. Debemos reconocer que, como psicólogos, estamos continuamente añadiendo constructos que llevan a la gente a percibir e interpretar el mundo de unas formas muy concretas. Así, por ejemplo, damos por hecho la existencia de la razón, la memoria, la emoción o la motivación, el estrés o la neurosis, cuando no son sino constructos creados por los psicólogos para explicar la realidad. Por tanto, son útiles, pero no reales objetivamente, aunque sí socialmente, en la medida en que los hemos incorporado los psicólogos a la realidad de la actual sociedad occidental. Pero con estos constructos favorecemos a unos segmentos de la población, mientras que perjudicamos a otros. Así, decimos que la razón es algo valioso, que la emoción es antiracional, que los hombres son más racionales que las mujeres y que éstas son más emotivas. Pero también se dice, y se cree, que la racionalidad es necesaria para puestos de responsabilidad, lo que implica que los hombres son más aptos para tales puestos; y 3) La construcción de nuevos mundos: para los modernistas la ciencia era un espejo que reflejaba exactamente la realidad y los científicos los «limpiadores del espejo». Sin embargo, para los posmodernistas, tal rol de los científicos era demasiado simple y pasivo. La ciencia no refleja el mundo sino que lo crea, lo construye. El papel de los científicos es mucho más