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404 Anastasio Ovejero Bernal con la muerte de dios, proclamada por Nietzsche en el cambio de siglo el hombre se convirtió en la medida de todas las cosas, y la psicología en la religión secularizada de la modernidad... La religión como garantía de verdad fue reemplazada por las nuevas ciencias, los curas como mediadores de la verdad fueron sustituidos por los científicos... En una cultura relativista, sin reglas fijas y fundamentales, la guía moral para la vida debe buscarse en la psicología. La nueva psicología desempeña la tarea de la religión de proporcionar guía para la vida humana. Los curas como confesores fueron reemplazados por los psicólogos clínicos. Cuando una economía del consumo ha sustituido a una economía de producción, la ética de trabajo protestante está siendo gradualmente reemplazada por una psicología de la necesidad de gratificación y placer (Kvale, 1992c, págs. 53-54). ¿Cómo está influyendo todo esto en la psicología y en la psicología social? Ciertamente la mayoría de la psicología sigue por derroteros modernistas, pero, fuera de los labotarios ya se empiezan a levantar voces posmodernas que comenzaron con los filósofos de la ciencia, como Quine, Popper, pero sobre todo Kuhn, que fue quien lanzó el ataque más serio contra el pensamiento fundacionalista, y Feyerabend, quien en su Against Method ponía en duda la extendida creencia de que el conocimiento se deriva de la aplicación sistemática de procedimientos de investigación. Con todo ello, el fundacionalismo empieza a estar en retirada y comenzamos a entrar, como dice Gergen (1992b), en una era postempirista: el problema del conocimiento no ha sido resuelto, incluso hay quien afirma que es insoluble. La verdad parece ser un asunto de perspectiva, como ya hace más de ochenta años decía nuestro Ortega y Gasset (véase Ovejero, 1998). Y es que, como desde los años 30 vienen apuntando algunos teóricos críticos como Horkheimer y Adorno y más tarde especifica bien Habermas, las cuestiones de valor e ideológicas son sistemáticamente transformadas por los científicos en cuestiones técnicas. Así, los psicólogos han convertido en «hechos científicos» creencias suyas totalmente ideológicas. Un ejemplo: durante décadas los psicólogos diferenciales venían afirmando que las mujeres eran inferiores a los hombres en inteligencia y los negros a los blancos, y que todo ello se debía a razones genetistas. La cuestión era más simple: eran sus propias creencias machistas y colonialistas, lo que les hizo «comprobarlas» empíricamente. Y es que, en definitiva, lo empírico no está por encima de lo moral y lo ideológico, sino al revés: lo empírico está por debajo, y a veces incluso al servicio, de la moral y de la ideología. Y es que, como muestra claramene Foucault, el saber es totalmente inseparable del poder, siempre con lo retórico por medio: para entender el carácter retórico de los «hechos científicos» hay que entender la base de su poder. Este viraje posmoderno está afectando también a la psicología, lo que lleva a Kvale (1992c) a hablar de una clara incompatibilidad entre psicología y posmodernismo, con este argumento: la psicología es un producto de la modernidad que se desarrolló durante la Ilustración y que fue fundada como una ciencia a últimos del siglo xix. Por consiguiente, los tér-