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Capítulo XXVIII El giro posmoderno y las orientaciones alternativas: la psicología social posmoderna Introducción: el giro posmoderno Sea una moda, como algunos vaticinan, o sea algo más profundo y duradero, como mantienen otros, a lo largo de los últimos quince años estamos respirando aires posmodernos en el campo intelectual y cultural. Yo también creo que es algo más que una mera moda. Hace muy poco decía Pinillos aquí, en Oviedo, en su discurso como doctor honoris causa por esta Universidad, que el posmodernismo, que «vendría a ser el oleaje producido por el naufragio de la modernidad», no está muerto sino, por el contrario, bien vivo. «Hoy resulta difícil negar que, con independencia de que nos agrade o no, de que sea bueno, malo o regular, el fenómeno posmoderno es una realidad con indiscutible presencia en los círculos intelectuales y artísticos de Europa y América, que parece haber prendido en la mentalidad de las generaciones jóvenes... A decir verdad, la confrontación actual entre modernos y posmodernos no es menos fuerte que la famosa querella de antiguos y modernos que tuvo lugar durante la Ilustración» (Pinillos, 1996, pág. 230). De hecho, añade Pinillos, lo que se ve es una fortísima polémica y «la voz que en cambio ha enmudecido es la de los que en su día anunciaron la pronta muerte del posmodernismo». Los años han pasado y el posmodernismo sigue en pie y sigue muy vivo. Está vivo y está influyendo en todas las esferas sociales y culturales, entre las que también está, como no podía ser de otra manera, la psicología y psicología social (Kvale, 1992a), estándose conformando hoy día una psicología social de corte posmoderno (Gergen, 1992a, 1996; Ibáñez, 1994, 1996). Lo que aquí pretendemos es analizar algunos de sus presupuestos, pues