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Modernidad y psicología social: orientaciones… 399 cultivaron esta corriente (Strauss, Denzin, Becker, Stryker, etc.) se diseminaron por otros centros. Sin embargo, hubo dos universidades que se constituyeron en los principales focos del movimento, Iowa y Chicago, que, compartiendo las características generales del movimiento interaccionista, poseen, sin embargo, rasgos propios, tanto teóricos como metodológicos, aunque coinciden en la utilización de métodos no reactivos como son la encuesta mediante entrevista y cuestionario, el estudio de casos individuales y sobre todo la observación participante (Denzin, 1970). Por último, y tras pasar revista a las numerosas críticas que se le han hecho al interaccionismo simbólico, Meltzer y colaboradores (1975, pág. 120) concluyen que éste entraña dos graves deficiencias: la escasísima atención prestada al mundo de los afectos y sentimientos, y su marginación de los problemas de la estructura social. En efecto, «decir que los objetos se constituyen en la interacción simbólica es decir algo que, siendo cierto, puede acabar encubriendo toda la verdad. La percepción del objeto es siempre resultado de la interacción simbólica, pero de ningún modo lo es el objeto mismo. Reducir el objeto a su construcción en el proceso comunicativo es reducirlo a ser objeto del lenguaje y de pensamiento, no objeto real» (Carabaña y Lamo de Espinosa, 1978, pág. 181). Por otra parte, aunque existe una cierta confusión y falta de consenso, generalmente se incluyen dentro del interaccionismo simbólico estas otras dos teorías, que nosotros analizaremos separadamente, pues a pesar de que todas ellas son interaccionistas, cada una posee características propias: la etnometodología y la teoría del rol o modelo «dramatúrgico». b) La etnometodología: inspirándose en fuentes fenomenológicas (Husserl, Schütz), en la Escuela de Fráncfort y en la Lingüística, entre otras, la etnometodología, más que definida, ha sido «mostrada», en sus efectivas actuaciones por algunos de sus partidarios. Para Leiter (1980, pág. 4) la etnometodología «es el estudio del conocimiento del sentido común», entendiendo por ello aquel conocimiento, diferente del científico, no sistemático y acrítico, que las personas utilizan en el decurso de su vida diaria. «Como quiera que sea, parece haber acuerdo en que la etnometodología se instala en la realidad de la vida cotidiana, tratando de desvelar las reglas y convenciones implícitas, que se toman como presupuestos, reguladores de la conducta habitual de las personas» (Jiménez Burillo, 1981, vol. I, pág. 116). Aunque tenemos un claro antecedente de la etnometodología en la obra de Alfred Schütz (1972, 1974, 1977), en la que desarrolló sus reflexiones sobre el desvelamiento de los presupuestos del estilo común en su actuación en la vida cotidiana, sin embargo, fue Garfinkel quien acuñó el término de etnometodología y quien, tras poner de relieve el desdén de la sociología por el mundo del sentido común y la vida cotidiana (con la excepción de Schütz, puntualiza), ha manifestado su propósito, justamente, en el objeto del análisis etnometodológico (Garfinkel, 1964, pág. 226). El principal interés de la etnometodología estriba en el estudio de las construcciones racionales vigentes en una sociedad dada, para lo que recurre a procedimientos que ya eran habituales en la etnología y en la