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Anastasio Ovejero Bernal
les. El primero es que los hombres se relacionan con las cosas, y con ellos
mismos, de acuerdo con los significados que éstas tienen para ellos. El
segundo es que esos significados surgen en el proceso de interacción social.
Y el tercero es que la utilización, mantenimiento y modificación de esos
significados se produce a través de un proceso activo de interpretación de
la persona al tener que habérselas y tratar con los objetos —incluidos sus
propios yoes— de su entorno. Por tanto, lo fundamental para esta teoría,
por decirlo con palabras de Torregrosa, es el énfasis en la comunicación, el
carácter procesual de la realidad social, así como el papel mediador y constructivo de la realidad social. George Herbert Mead, «padre» del interaccionismo simbólico, para quien la principal preocupación es la génesis y
desarrollo de la conciencia, se pregunta por la posibilidad de estudiar científicamente la mente a través de la conducta (Mead, 1909, 1934) y responde afirmativamente a través de un complejo teórico que él llamó «conductismo social». «La psicología social es conductista en el sentido de que
parte de una actividad observable —el proceso social dinámico en ejecución y los actos sociales que son sus elementos componentes— debe ser
estudiada y analizada científicamente. Pero no es conductista en el sentido
de pasar por alto la experiencia interna del individuo, la fase interior de ese
proceso o actividad» (Mead, 1953, pág. 55). Mead estudia, pues, la génesis
de la conciencia a través del proceso de interacción social en donde el lenguaje, el juego y la asunción del «otro generalizado» son otros tantos instrumentos claves explicativos. Es decir que para Mead, al igual que para
Vygotski, la conciencia, el Yo individual, es un producto de la interacción
social. Como señala Crespo, Mead considera abiertamente a la psicología social como una ciencia social dedicada al estudio de los procesos sociales que hacen posible la conciencia humana. El concepto de ser humano
con que trabaja Mead es plenamente social, al sostener que son los otros
quienes hacen posible el Yo. De ahí que Mead considere a la psicología
social como una ciencia social en tanto en cuanto la socialidad se constituye como perspectiva propia. Lo característico de la socialidad no es la
presencia de los otros como meros estímulos, como ocurría con el conductismo, sino la existencia de procesos que sólo son concebibles como interacción social, e incluso de procesos de interacción social cooperativa, pues
como él mismo escribe (1909, pág. 407), «el origen probable de la comunicación humana se dio en la cooperación y no en la imitación» (véase Ovejero, 1990a). Para Mead, el lenguaje simbólico, que comenzó siendo gesto y
terminó en lenguaje articulado, es el que hace posible la aparición de formas
superiores de organización social que hacen posible el que surja una conciencia reflexiva. La capacidad de la persona d H