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Anastasio Ovejero Bernal
experimentales, Krech y Crutchfield escribían (1948, pág. 77): «Cómo percibimos el mundo es un producto de la memoria, la imaginación, el rumor y la
fantasía igual que estamos “percibiendo” actualmente a través de nuestros
sentidos. Si queremos entender la conducta social, debemos conocer cómo
todas las percepciones, memorias, fantasías se combinan, o se integran, o se
organizan dentro de estructuras cognitivas actuales.» Y unos años después, ya
podían decir Proshansky y Seidenberg (1965, pág. 38) que «el planteamiento
de la cognición refleja la orientación general de la inmensa mayoría de los psicólogos sociales en lo que se refiere a comprender el comportamiento social».
Ahora bien, ¿por qué la psicología social ha sido siempre cognitiva? En
primer lugar, porque si la psicología social pretende, entre otras cosas, estudiar al hombre tal como se comporta, no podía prescindir de ninguno de
sus procesos psicológicos fundamentales, y tampoco, lógicamente, de sus
procesos cognitivos. En segundo lugar, los fenómenos y conductas sociales
son muy complejos y difícilmente explicables mediante un paradigma más
simple como el propuesto por el modelo conductista. En tercer lugar, la
psicología social trabajó tradicionalmente no con animales sino con sujetos
humanos, y de ahí nuevamente la dificultad de aplicar el modelo conductista: era necesario comprender los aspectos cognitivos de los sujetos humanos si se quería entender su comportamiento. En cuarto lugar, también
tuvo su peso el énfasis puesto en las actitudes, que ha sido siempre uno de
los grandes temas de nuestra disciplina, y las actitudes fueron consideradas
ya desde el principio como organizaciones cognitivas y afectivas. Finalmente, hay que tener en cuenta una serie de implicaciones y consecuencias
de la Segunda Guerra Mundial, entre otras el hecho de que muchos psicólogos alemanes que huyeron a Estados Unidos (Heider, Asch, Lewin, Wertheimer, etc.) eran gestaltistas y estaban preocupados por el estudio de los
procesos perceptivos y cognitivos.
En conclusión, pues, la psicología social fue siempre, al menos en parte,
cognitiva, después de la Segunda Guerra Mundial se hizo mucho más cognitiva y en los últimos años más aún, constituyendo incluso lo que se ha
venido en llamar psicología social cognitiva, hasta el punto de que Markus
y Zajonc (1985, pág. 137), podían escribir que «hoy día psicología social y
psicología social cognitiva son casi sinónimos. El enfoque cognitivo es
ahora claramente el dominante entre los psicólogos sociales, no teniendo
prácticamente competidores». Ahora bien, si, como señalan Martin y Clark
(1990), en la investigación psicosocial tradicional los mediadores se estudiaban a partir de los datos de salida, actualmente se presta atención a los
datos de los procesos, lo que ha llevado a un importante cambio, pasando
de la conducta social a los mediadores con lo que las conductas y situaciones sociales han quedado en gran medida relegadas, y con lo que la actual
psicología social cognitiva ya no tiene prácticamente nada de social, como
admite el propio Kelley (1992). Por tanto, la orientación cognitiva en psicología social, que siempre ha sido demasiado individualista, hoy día lo es
en extremo. Y de ahí le vienen a esta corriente las principales críticas. Así,
Andreeva le reprocha el haber aislado los procesos cognitivos de la activi-