Capítulo XXVII
Modernidad y psicología social: orientaciones
psicológicas y sociológicas
Introducción
La psicología y la psicología social son productos claramente modernos,
surgen de la modernidad. Es el proceso de la modernización, con sus grandes subprocesos (la individualización, la secularización, la urbanización y la
industrialización), lo que las hizo ya no sólo posibles sino hasta necesarias.
Así, sin el proceso de individualización la psicología no hubiera tenido sentido; sin el proceso de secularización, los confesionarios seguirían haciendo
innecesaria la psicología, que, además, como sabemos, es cosa de ciudades.
Y, sobre todo, fue el proceso de industrialización el principal impulsor de
los cambios sociales y de mentalidad que hizo necesaria la psicología y la
psicología social a lo largo de la segunda mitad del siglo xix. De ahí que
fueran surgiendo al hilo de estos procesos una serie de precursores de la
psicología social (Vives, Huarte, Maquiavelo, Montaigne, Galileo, Hume,
Bacon, Locke) incrementándose su importancia a medida que se desarrollaba sobre todo el proceso de industrialización, que fue precisamente el
que aceleró la velocidad de los otros procesos a lo largo del siglo xviii y
sobre todo del xix. No es raro, por consiguiente, que haya sido precisamente en Europa y en los países que más avanzados estaban en los procesos de modernización y de industrialización en los que a lo largo de la
segunda mitad del siglo xix naciera la psicología y la psicología social, y
que fuera a primeros del siglo xx y justamente en los Estados Unidos, el
país más modernizado y más industrializado del mundo ya en aquellos
momentos, donde más se desarrollaran estas disciplinas, y que lo hicieran
con ánimo de predecir y de controlar la conducta de los individuos a través
de la utilización de la razón y de la ciencia.