La construcción histórica de la psicología social
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poner de relieve el compromiso sociopolítico del psicólogo social y para
mostrar que «la psicología social se hace política no por tomar partido,
sino como saber o ignorancia, como desvelamiento o encubrimiento de
procesos implicados en nuestra vida cotidiana» (Torregrosa y Crespo, 1984,
pág. 727); y finalmente, d) ha ayudado poderosamente al desarrollo y
fomento de las aplicaciones en psicología social, con los efectos positivos
que ello tiene.
En conclusión, tras la crisis las cosas ya no volvieron a ser como antes
en nuestra disciplina, pues, como dice Ibáñez (1991, pág. 43), «los planteamientos críticos más radicales fueron cuestionando, uno tras otro, los
diversos supuestos sobre los que se fundamentaba la pretendida legitimidad
científica de la experimentación psicosocial, propiciando de esta forma un
intenso debate metateórico», del que fueron saliendo una serie de psicologías sociales alternativas cuyas principales características podrían ser las
siguientes (Ovejero, 1993e):
1) Una mayor y más estrecha interdisciplinariedad, no sólo entre los
distintos enfoques psicosociales (Stephen y cols., 1991), sino incluso con
especialistas de otros campos, pues como subraya Parker (1989), en la
antropología, la sociología y la historia hay discusiones más ricas y más
sofisticadas que en la propia psicología social, y en la literatura, la filosofía
y los estudios culturales más interesantes descripciones de la subjetividad.
2) Un análisis metateórico que nos permita contemplar la psicología
social, las prácticas sociales y psicosociales y nuestro propio quehacer cotidiano con cierta distancia (véase Stam y cols., 1987). Este análisis metateórico es justamente el que nos permitirá poner los fundamentos para una
psicología social auténticamente crítica y no opresiva, e incluso explícitamente emancipadora (Armistead, 1974; Parker, 1989; Sampson, 1991; Wexler, 1983; Ibáñez e Íñiguez, 1997).
3) Una perspectiva socioconstruccionista: una tercera característica de la
Nueva Psicología Social está estrechamente relacionada con la anterior,
pues «ha ido emergiendo lentamente tras la crisis de la psicología social
como un intento de hallar una metateoría que pudiera representar una
alternativa válida frente al modelo empiricista de la ciencia que caracteriza
a la corriente dominante en la disciplina» (Ibáñez, 1990, pág. 227). De ahí
que, con Gergen (1982, 1985a, 1985b, 1992, 1996) a la cabeza, esta perspectiva ya ha conseguido aglutinar a muchos psicólogos sociales provenientes de otras líneas alternativas que tenían en común tanto el estar frente al
positivismo como el estar a favor de una epistemología pospositivista, como
es el caso de los partidarios de la teoría crítica, de la hermenéutica o del
contextualismo.
4) Deconstruccionismo y preocupación por los análisis lingüísticos: tal
vez una de las características más relevantes de muchas de las más recientes tendencias en nuestra disciplina, como la retórica, el textualismo y la
psicología social posmoderna, estriba, para bien y para mal, en considerar
en el hombre más lo que dice y sobre todo cómo lo dice que lo que es o lo