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368 Anastasio Ovejero Bernal blema de la psicología social no es saber cómo actúan las mentes individuales o colectivas para formar grupos sociales y costumbres, sino ver cómo las diferentes costumbres, los arreglos interactuantes establecidos, forman y fomentan mentes diferentes». En síntesis, la psicología social, pues, hunde sus raíces en la larga tradición del pensamiento occidental, pero surge a lo largo de la segunda mitad del siglo xix y lo hace como una psicología colectiva preocupada sobre todo por la predicción de la conducta humana y, en consecuencia, por el control de las personas. «La consolidación de los Estados modernos demanda, a la vez, una ciencia social de corte positivista que proporcione herramientas para la intervención social, y una investigación social que permita conocer y controlar la situación de la sociedad en cada momento» (Ibáñez, 1990a, pág. 45). Es más, a lo largo de los siglos xvii, xviii y sobre todo del xix, se van perfilando una serie de rupturas cruciales que marcarán profundamente las ciencias sociales del siglo xx, incluyendo la psicología social, lo que conllevó unas consecuencias abiertamente negativas para el conocimiento de lo social (Ibáñez, 1990a, pág. 44): a) la ruptura entre ciencia y filosofía, que tanto denostó Ortega y Gasset; 䁈