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Anastasio Ovejero Bernal
blema de la psicología social no es saber cómo actúan las mentes individuales o colectivas para formar grupos sociales y costumbres, sino ver
cómo las diferentes costumbres, los arreglos interactuantes establecidos,
forman y fomentan mentes diferentes».
En síntesis, la psicología social, pues, hunde sus raíces en la larga tradición del pensamiento occidental, pero surge a lo largo de la segunda mitad
del siglo xix y lo hace como una psicología colectiva preocupada sobre todo
por la predicción de la conducta humana y, en consecuencia, por el control de
las personas. «La consolidación de los Estados modernos demanda, a la vez,
una ciencia social de corte positivista que proporcione herramientas para la
intervención social, y una investigación social que permita conocer y controlar
la situación de la sociedad en cada momento» (Ibáñez, 1990a, pág. 45). Es
más, a lo largo de los siglos xvii, xviii y sobre todo del xix, se van perfilando
una serie de rupturas cruciales que marcarán profundamente las ciencias
sociales del siglo xx, incluyendo la psicología social, lo que conllevó unas
consecuencias abiertamente negativas para el conocimiento de lo social (Ibáñez, 1990a, pág. 44): a) la ruptura entre ciencia y filosofía, que tanto denostó
Ortega y Gasset; 䁈