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La construcción histórica de la psicología social 367 la vez que anuncia ya el matrimonio entre ciencia y tecnología que se celebrará en las últimas décadas de ese siglo. Sus alegatos en favor de la sociología, situada en las cimas de la jerarquía de las ciencias, también están en sintonía con la «emergencia de la cuestión social» propiciada por la industrialización. En efecto, los disturbios sociales engendrados por el desarrollo del capitalismo hacen aún más imprescindible una rigurosa ciencia de la sociedad. No es de extrañar que tras un barniz que hoy día llamaríamos progresista, Comte, al igual que Durkheim, sean esencialmente reaccionarios en su visible preocupación por salvaguardar un orden social que legitima las desigualdades establecidas (Ibáñez, 1990a, pág. 36). b) La tradición alemana: como escribe Tomás Ibáñez, frente a la concepción empirista y positivista franco-británica, que desembocará en una sociología donde el peso de las «estructuras» y de las «leyes» deja escaso lugar tanto para la consideración de las dimensiones simbólicas, como para el estudio de la acción humana y para los planteamientos genuinamente históricos, se alza una tradición bien diferente que reacciona contra el positivismo y el empirismo, y que se cultivó sobre todo en Alemania, donde pronto Herder (1744-1803), oponiéndose a algunos aspectos absolutizadores de la razón ilustrada, puede ser considerado, a mi entender, como el principal antecedente del actual pensamiento posmoderno. Por su parte Schleiermacher (1768-1834) habló ya de «acción recíproca» y de «interacción social», haciendo una clara distinción entre comunidad y sociedad, que más tarde desarrollaría Ferninand Tönnies (1887), sobresaliendo particularmente su contribución a la perspectiva hermenéutica, a través sobre todo de su influencia sobre Dilthey, quien contribuyó en gran medida a acentuar el «anti-naturalismo» del pensamiento alemán. En efecto, para Dilthey (1883), por decirlo con palabras de Ibáñez, resulta imprescindible que las ciencias humanas se emancipen del paradigma naturalista de la misma forma que las ciencias naturales supieron separarse de la metafísica, pues existe una diferencia de principio entre las «ciencias del espíritu» y las «ciencias de la naturaleza»: las primeras nos permiten acceder a la «comprensión» de los fenómenos analizados, mientras que las segundas conducen a la «explicación» de sus objetos de análisis. Y ello es así porque la realidad sociohistórica, al contrario de la realidad «natural», no es una realidad que nos venga dada de una forma externa, sino que somos nosotros mismos quienes la construimos. C) Antecedentes psicológicos: dado que la psicología apareció tardíamente, es lógico que sea menos relevante a la hora de analizar los antecedentes de la psicología social, aunque no deberíamos olvidar la influencia que en nuestra disciplina tuvieron tanto el asociacionismo inglés, que tanto peso tuvo en el conductismo norteamericano, como el funcionalismo de William James (1842-1911) y Dewey (1859-1952). Respecto al empirismo inglés, hay que destacar tanto la psicología de Hobbes como la de Locke, que eran, ambas, profundamente individualistas, por lo que su fuerte influjo en la psicología social, a través sobre todo de F. Allport, fue enormemente negativo. Más útil fue la influencia de Dewey, para quien «el pro-