La construcción histórica de la psicología social
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la vez que anuncia ya el matrimonio entre ciencia y tecnología que se celebrará en las últimas décadas de ese siglo. Sus alegatos en favor de la sociología, situada en las cimas de la jerarquía de las ciencias, también están en
sintonía con la «emergencia de la cuestión social» propiciada por la industrialización. En efecto, los disturbios sociales engendrados por el desarrollo del capitalismo hacen aún más imprescindible una rigurosa ciencia de
la sociedad. No es de extrañar que tras un barniz que hoy día llamaríamos
progresista, Comte, al igual que Durkheim, sean esencialmente reaccionarios en su visible preocupación por salvaguardar un orden social que legitima las desigualdades establecidas (Ibáñez, 1990a, pág. 36).
b) La tradición alemana: como escribe Tomás Ibáñez, frente a la concepción empirista y positivista franco-británica, que desembocará en una
sociología donde el peso de las «estructuras» y de las «leyes» deja escaso
lugar tanto para la consideración de las dimensiones simbólicas, como para
el estudio de la acción humana y para los planteamientos genuinamente
históricos, se alza una tradición bien diferente que reacciona contra el positivismo y el empirismo, y que se cultivó sobre todo en Alemania, donde
pronto Herder (1744-1803), oponiéndose a algunos aspectos absolutizadores de la razón ilustrada, puede ser considerado, a mi entender, como el
principal antecedente del actual pensamiento posmoderno. Por su parte
Schleiermacher (1768-1834) habló ya de «acción recíproca» y de «interacción social», haciendo una clara distinción entre comunidad y sociedad, que
más tarde desarrollaría Ferninand Tönnies (1887), sobresaliendo particularmente su contribución a la perspectiva hermenéutica, a través sobre todo de
su influencia sobre Dilthey, quien contribuyó en gran medida a acentuar el
«anti-naturalismo» del pensamiento alemán. En efecto, para Dilthey (1883),
por decirlo con palabras de Ibáñez, resulta imprescindible que las ciencias
humanas se emancipen del paradigma naturalista de la misma forma que las
ciencias naturales supieron separarse de la metafísica, pues existe una diferencia de principio entre las «ciencias del espíritu» y las «ciencias de la naturaleza»: las primeras nos permiten acceder a la «comprensión» de los fenómenos analizados, mientras que las segundas conducen a la «explicación» de
sus objetos de análisis. Y ello es así porque la realidad sociohistórica, al contrario de la realidad «natural», no es una realidad que nos venga dada de una
forma externa, sino que somos nosotros mismos quienes la construimos.
C) Antecedentes psicológicos: dado que la psicología apareció tardíamente, es lógico que sea menos relevante a la hora de analizar los antecedentes de la psicología social, aunque no deberíamos olvidar la influencia
que en nuestra disciplina tuvieron tanto el asociacionismo inglés, que tanto
peso tuvo en el conductismo norteamericano, como el funcionalismo de
William James (1842-1911) y Dewey (1859-1952). Respecto al empirismo
inglés, hay que destacar tanto la psicología de Hobbes como la de Locke,
que eran, ambas, profundamente individualistas, por lo que su fuerte
influjo en la psicología social, a través sobre todo de F. Allport, fue enormemente negativo. Más útil fue la influencia de Dewey, para quien «el pro-