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Anastasio Ovejero Bernal
diversidad de métodos, escenarios y poblaciones objeto de estudio; y, por
último, la investigación en psicología ambiental se desarrolla cada vez en
mayor medida en un contexto de trabajo multidisciplinar (véase en Pol,
1997, un interesante análisis del desarrollo profesional de la psicología
ambiental). Relacionado con todo ello, Corraliza y Gilmartín proponen
estos campos de intervención ambiental del psicólogo (1996, págs. 423425): 1) Problemas relacionados con la estética ambiental y la calidad escénica de los lugares naturales; 2) Problemas relacionados con la gestión y
uso de espacios naturales, que afectan tanto a la determinación de espacios
protegidos como al control de acceso; 3) Problemas relacionados con la
calidad ambiental y los procesos de degradación medioambiental (contaminación, incendios, etc.) con especial referencia a las dimensiones psicológicas y sociales de la evaluación de impacto ambiental; 4) Las conductas proambientales (conducta ecológica responsable), con especial referencia al
uso y modificación del consumo de recursos naturales, tales como el agua,
la energía, etc.; y 5) Aspectos relacionados con la educación ambiental.
Más específicamente, en cuanto a la contribución del psicólogo a la
conservación y mejora del entorno, la intervención ambiental consta básicamente de dos áreas. En primer lugar, la conservación de los recursos
naturales, donde el psicólogo puede ser útil en campos como los intentos
de reducir el despilfarro, la preservación de espacios naturales singulares, la
reducción de riesgos y accidentes naturales, la conservación de recursos
imprescindibles como el agua, etc. En segundo lugar, las acciones de
mejora de la calidad ambiental, ámbito este con una mayor tradición, ya
que las situaciones de degradación del entorno tienen un gran impacto
sobre la vida de las personas, tanto sobre su salud física y psíquica, como
interviniendo en los procesos de interacción social. Así, se plantean importantes retos en relación a problemas como la contaminación acústica, la
polución atmosférica, el vertido a ríos y mares, o el depósito incontrolado
de residuos contaminantes (véase una ampliación en Castro, 1997). Ahora
bien, en éste, como en otros campos de intervención psicosocial, se hace
necesaria una evaluación adecuada (véase García Mira, 1997; García Mira,
Sabucedo y Arce, 1996).
Conclusión
Como hemos visto, el campo de estudio de la psicología ambiental es
enormemente variado y los ámbitos de aplicación, múltiples, desde la ergonomía (relación entre el hombre y la máquina y sus efectos), hasta la conducta ambientalmente responsable (psicología ecologista), pasando por el
diseño adecuado de espacios construidos (escuelas, hospitales, museos, cárceles, etc.) e incluso la planificación de macroespacios, como las ciudades.
En todos estos ámbitos los psicólogos sociales tienen mucho que decir:
cambio de actitudes ambientales, influencia del grupo y de las normas
sociales en la interacción con el medio, etc. En todo caso, la psicología
ambiental necesita trabajar interdisciplinarmente y en escenarios naturales