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352 Anastasio Ovejero Bernal diversidad de métodos, escenarios y poblaciones objeto de estudio; y, por último, la investigación en psicología ambiental se desarrolla cada vez en mayor medida en un contexto de trabajo multidisciplinar (véase en Pol, 1997, un interesante análisis del desarrollo profesional de la psicología ambiental). Relacionado con todo ello, Corraliza y Gilmartín proponen estos campos de intervención ambiental del psicólogo (1996, págs. 423425): 1) Problemas relacionados con la estética ambiental y la calidad escénica de los lugares naturales; 2) Problemas relacionados con la gestión y uso de espacios naturales, que afectan tanto a la determinación de espacios protegidos como al control de acceso; 3) Problemas relacionados con la calidad ambiental y los procesos de degradación medioambiental (contaminación, incendios, etc.) con especial referencia a las dimensiones psicológicas y sociales de la evaluación de impacto ambiental; 4) Las conductas proambientales (conducta ecológica responsable), con especial referencia al uso y modificación del consumo de recursos naturales, tales como el agua, la energía, etc.; y 5) Aspectos relacionados con la educación ambiental. Más específicamente, en cuanto a la contribución del psicólogo a la conservación y mejora del entorno, la intervención ambiental consta básicamente de dos áreas. En primer lugar, la conservación de los recursos naturales, donde el psicólogo puede ser útil en campos como los intentos de reducir el despilfarro, la preservación de espacios naturales singulares, la reducción de riesgos y accidentes naturales, la conservación de recursos imprescindibles como el agua, etc. En segundo lugar, las acciones de mejora de la calidad ambiental, ámbito este con una mayor tradición, ya que las situaciones de degradación del entorno tienen un gran impacto sobre la vida de las personas, tanto sobre su salud física y psíquica, como interviniendo en los procesos de interacción social. Así, se plantean importantes retos en relación a problemas como la contaminación acústica, la polución atmosférica, el vertido a ríos y mares, o el depósito incontrolado de residuos contaminantes (véase una ampliación en Castro, 1997). Ahora bien, en éste, como en otros campos de intervención psicosocial, se hace necesaria una evaluación adecuada (véase García Mira, 1997; García Mira, Sabucedo y Arce, 1996). Conclusión Como hemos visto, el campo de estudio de la psicología ambiental es enormemente variado y los ámbitos de aplicación, múltiples, desde la ergonomía (relación entre el hombre y la máquina y sus efectos), hasta la conducta ambientalmente responsable (psicología ecologista), pasando por el diseño adecuado de espacios construidos (escuelas, hospitales, museos, cárceles, etc.) e incluso la planificación de macroespacios, como las ciudades. En todos estos ámbitos los psicólogos sociales tienen mucho que decir: cambio de actitudes ambientales, influencia del grupo y de las normas sociales en la interacción con el medio, etc. En todo caso, la psicología ambiental necesita trabajar interdisciplinarmente y en escenarios naturales