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340 Anastasio Ovejero Bernal de sus tramos, es el apoyo social. La idea de que el apoyo social puede contribuir tanto a la salud física como a la mental tiene su origen en un conjunto de trabajos que en los años 70 y 80 se llevaron a cabo sobre las redes sociales, la desorganización social y las necesidades sociales (Cassel, 1976, etcétera), a partir de los cuales se hicieron varias hipótesis. La hipótesis original decía que el apoyo social proporciona una «amortiguación» frente a los acontecimientos vitales estresantes, pero no tiene ningún efecto independiente, en ausencia de acontecimientos estresantes (Dean y Lin, 1977). Pero las investigaciones llevadas a cabo poco después por Henderson sugirieron la posibilidad de un efecto directo e independiente sobre la salud mental y/o la salud física, tanto si se experimenta un acontecimiento estresante como si no se experimenta. Una tercera hipótesis afirmaba que el apoyo social tiene un efecto terapéutico después de la aparición de un trastorno particular, acortando el episodio y reduciendo los síntomas. En definitiva, los efectos protectores del apoyo social parecen demostrados para numerosos aspectos de diferentes enfermedades, incluyendo mortalidad, enfermedades psiquiátricas, suicidio, accidentes, recuperación de la enfermedad, y enfermedad crónica (véase una ampliación de esta temática en Ovejero, 1990c; Barrón, 1996; Barrón y Chacón, 1992; López-Roig y cols., 1993a, 1993b; Perles y Gómez, 1995 y sus posibilidades futuras en Ridder y Schreurs, 1996). Para terminar este apartado, veamos dos ámbitos realmente cruciales en los que la aportación de la psicología social al campo de salud es de primer orden (Di Matteo, 1979; Morales, 1985; Ovejero, 1990b): a) Relaciones médico-paciente: Cada vez más los pacientes esperan de sus médicos que les dediquen tiempo, que les presten atención y que se interesen por ellos como personas, es decir, les piden una mayor implicación humana en sus relaciones interpersonales con ellos. De ahí que no nos debiera extrañar el hecho constatado de que la insatisfacción con la medicina en los países desarrollados, es mayor hoy día en que los médicos tienen a su disposición la tecnología médica más poderosa que jamás haya existido. Y es que los médicos suelen ser seleccionados y formados en las Universidades exclusivamente en función de sus habilidades científicas y sin tener en cuenta sus habilidades interpersonales, tan necesarias para cumplir satisfactoriamente sus tareas. Además, ello se agrava por el hecho de que a menudo los médicos poseen una visión muy estrecha de lo que es «lo científico», como si estudiar los aspectos psicosociales de la enfermedad y de los enfermos no fuera científico. Por el contrario, al menos a mi modo de ver, lo que realmente no es científico es ignorar estos aspectos tan centrales en el enfermar humano. Pero no se trata solamente de que el profesional sanitario tenga en cuenta que el paciente es una persona y lo trate como tal, sino también que considere que las relaciones interpersonales son una parte constitutiva del proceso básico de curación. Por tanto, ignorar factores psicosociales como las relaciones y la comunicación entre el médico y el paciente, no es sólo un error de ética o de cortesía, es, sin