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Psicología social de la salud 339 papel que la psicología y la psicología social deben jugar en el ámbito de la salud, y particularmente en el de la salud física, si no partimos de un nuevo concepto de salud, diferente al tradicional. Tradicionalmente se ha definido la salud como «ausencia de enfermedad», tal vez porque la gente entiende mejor el concepto de «enfermedad» que el de salud. De hecho, «percibimos» mejor el dolor que tenemos en la muela que la salud de nuestras muelas cuando no nos duelen. La enfermedad suele asociarse a sensaciones como el malestar, el dolor, la incomodiad, la fiebre, etc., claramente perceptibles y que además inciden directa y negativamente en nuestra capacidad funcional y la de nuestros órganos. En cambio, el estado de salud «no se percibe». Sin embargo, el concepto de salud ha cambiado desde comienzos de siglo a nuestros días, habiéndose añadido al elemento biológico, el psicológico y el social. De hecho, ya en 1948, en el Congreso de Constitución de la Organización Mundial de la Salud, se definió la salud como «el estado de absoluto bienestar físico, mental y social, y no la mera ausencia de enfermedad». Y ello es así porque, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, las principales causas de morbilidad y mortalidad en los países desarrollados ya no son las enfermedades infecciosas, como ocurría a principios de siglo (tuberculosis, etc.), sino las crónicas (enfermedades cardíacas, etc.) en las que los factores psicológicos y sociales, principalmente los estilos de vida, ocupan un lugar realmente protagonista. Así, la conducta alimentaria, la conducta tabáquica, el consumo de alcohol o fármacos, o la falta de ejercicio físico, son claros ejemplos de comportamientos directamente vinculados al estado de salud/enfermedad. Por ello, podemos hablar de comportamientos de riesgo frente a poblaciones de riesgo, cuyo análisis correspondería a la psicología en general y a la psicología social en particular (véase Barriga y cols., 1990; Ovejero, 1987c; Rodríguez-Marín y García, 1995, 1996; etc.). Igualmente la promoción de la salud está muy relacionada con la educación para la salud o educación sanitaria, que es un campo de investigación y aplicación que ofrece enormes posibilidades a la psicología social de la salud. Tampoco podemos olvidar el relevante papel que la psicología social desempeña en el diseño y aplicación de programas comunitarios dirigidos, por ejemplo, a aumentar las donaciones de órganos, o a estimular la participación en campañas de detección precoz del cáncer. La utilización de recursos de la comunidad se ve facilitada, también, por el estudio del funcionamiento de los grupos y otros recursos de apoyo social ante enfermedades y discapacidades crónicas. Por último, nuestra disciplina puede contribuir también a la dinamización de equipos de autoayuda y equipos de apoyo, al uso de las redes de apoyo social como estrategia de generación de bienestar psicológico y social, y a la utilización de criterios de calidad de vida en la consideración de la enfermedad (Rodríguez-Marín, Pastor y López Roig, 1993). Pues bien, uno de los factores que con mayor interés ha sido estudiado, dentro y fuera de España, en relación con el proceso de la enfermedad en general y, por tanto, en relación con su impacto psicosocial en cualquiera