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Psicología social de las organizaciones y del trabajo 317 Trabajo y desempleo Si el trabajo cumple importantes funciones para el individuo, tanto instrumentales como expresivas, por fuerza la falta de trabajo tendrá serias consecuencias. De ahí que la investigación psicosocial sobre este tema haya alcanzado sus mayores desarrollos durante los períodos de crisis económica, en los que las altas tasas de desempleo han dado lugar a una creciente preocupación por sus consecuencias sociales y psicológicas, como ocurrió ya en los años 30. La disfuncionalidad psicosocial del desempleo cobra significado y sentido a la luz precisamente de las funciones psicosociales del empleo en el sistema industrial. De hecho, desempeña una función manifiesta de carácter instrumental, en tanto que medio de ganarse la vida, al tiempo que cumple otra serie de funciones latentes que posibilitan la adaptación de las personas empleadas al principio de realidad de la sociedad industrial (estructuración del tiempo cotidiano, regulación de contactos sociales, imposición de metas transindividuales, contextos para la socialización secundaria y asignación de los roles, estatus e identidad). Según M. Jahoda, durante los años 30 fue precisamente la deprivación de las categorías de experiencia asociadas a esas funciones latentes lo que determinó la cascada de consecuencias disfuncionales características de la experiencia psicosocial del desempleo. Y lo mismo volvió a ocurrir tras la fuerte crisis económica de 1973: el desempleo volvió a convertirse en uno de los mayores problemas sociales a los que deben enfrentarse los países industrializados. La persistencia de altas tasas de desempleo, incluso en períodos de reactivación económica, ha hecho que la falta de puestos de trabajo comience a ser percibida como un problema estructural, ya no meramente coyuntural, de las economías occidentales cuya solución no parece vislumbrarse de momento. El desempleo actual es sustancialmente diferente del conocido en otras épocas, ya que no es fruto únicamente de las crisis económicas, sino también del fuerte impacto que la revolución tecnológica está teniendo en la estructura del mercado de trabajo. De ahí que la recuperación de la economía haya dejado de ser una garantía para la consecución del pleno empleo. Pues bien, en este marco, también la psicología social puede contribuir de una forma importante a la solución si no del desempleo, que también puede hacer algo, sí a la solución de sus consecuencias más negativas (Álvaro, 1992, 1996; Álvaro y Fraser, 1994; Álvaro y Marsh, 1993; Blanch, 1990; Peiró y cols., 1993; Torregrosa, Bergere y Álvaro, 1989; etc.), entre las que destaca el deterioro psicológico de las personas sin trabajo. Así, ya las investigaciones realizadas durante la década de los años 30 pusieron de manifiesto el fuerte impacto negativo que tuvo el desempleo sobre la salud mental de las personas que lo experimentaron. En co