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Psicología social de las organizaciones y del trabajo 315 resultan ser un regulador potente de los comportamientos (Peiró, 1996, pág. 176). La importancia del tema parece hacernos esperar un mayor énfasis en estos temas para el futuro, aunque sin olvidar otros como la tecnología o la ideología (Triandis, Dunette y Hough, 1994). Un elemento crucial de una buena parte de la cultura organizacional es, por tanto, su carácter implícito y, con frecuencia, no consciente que hace que las interpretaciones que arrancan de ella y se radican en ella nos parezcan algo normal y natural. Pero lo importante, como señala Peiró, es que estas creencias están compartidas por los miembros de una determinada colectividad, en este caso, la organización. Por eso, se hace necesario señalar que la cultura organizacional es un fenómeno sociocognitivo y socioafectivo. Se trata de asunciones o creencias de las personas, de los miembros de la organización, y lo que las convierte en «cultura» es su carácter compartido. Es otras palabras, están asumidas de forma colectiva (véase una ampliación del tema de la cultura en la organización en Rodríguez Fernández, 1993). Trabajo y empleo Hoy día el trabajo es algo crucial en el ser humano y en su definición. Ante la mentalidad moderna industrial, el trabajo aparece como un fenómeno pancultural y un factor clave de la experiencia humana. No sólo como un simple medio económico de satisfacer necesidades materiales, sino también como patrón regulador del intercambio de bienes y servicios, contexto fundamental de las relaciones sociales e interpersonales y eje vertebrador de la vida de las gentes y de los pueblos, de las ciudades y de las naciones. Constituye también un principio básico de la organización del espacio-tiempo antropológicos (desde la planificación de los territorios locales y de las redes globales de la información y la comunicación hasta la del ciclo vital de los individuos y del tiempo cotidiano de las comunidades) y, en definitiva, un soporte básico del orden moral, económico, social, jurídico, político y cultural (Blanch, 1996, pág. 86). El trabajo, pues, es circunstancia vital de primera clase (Rodríguez Fernández, 1990), ya que es factor consustancial a la existencia mundana e inherente a la misma naturaleza de los seres humanos (Marx, 1844). Como dicen los sindicalistas Díaz y Liceras (1996, pág. 56), «tener empleo no es sólo un trabajo y un salario; es tener un lugar en la sociedad». Y es que el trabajo constituye un valor no sólo instrumental («ganarse la vida»), sino también expresivo (autorrealización, satisfacción personal, etc.). Por consiguiente, un fenómeno de tal entidad no podría pasar desapercibido para la psicología social. Sin embargo, no es de extrañar el significado negativo que a menudo aún tiene el término trabajo, ya que en su acepción primigenia remite a