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Psicología social de las organizaciones y del trabajo 313 viduos como miembros de la organización. En este último sentido, debemos tener muy presente que cada organización con su estructura y clima propios, induce en sus miembros unos tipos de comportamiento muy concretos, de tal forma que, con frecuencia, la conducta de las personas se debe más a las características de la organización a que pertenecen que a sus propios rasgos personales. De hecho, un mismo individuo tiende a comportarse de diferente manera en distintas organizaciones, dependiendo de la cultura de éstas. Por otra parte, la organización es algo esencialmente social donde los aspectos y comportamientos colectivos son altamente relevantes. Así, por ejemplo, como nos recuerda Peiró, aunque los comportamientos colectivos son ejecutados en su materialidad por individuos, en su virtualidad son comportamientos de una organización. Cuando una Universidad firma un convenio con otra institución, aunque lo firme una persona concreta, lo hace en función de su cargo y en nombre y representación de la Universidad. Por ello, el compromiso lo adquiere la Universidad. Como se puede ver, el concepto de rol desempeña un papel importante a la hora de explicar las relaciones entre lo individual y lo colectivo, en especial en el ámbito de las organizaciones. Si entendemos que el rol es un conjunto de expectativas respecto de los comportamientos de una persona en función de la posición que ocupa, es importante también conocer cómo se produce la adquisición de roles y por ello, la socialización organizacional. Esa socialización trata de «aculturar» al individuo en la cultura de la organización. La cultura es, pues, concluye Peiró, un tercer concepto que contribuye a clarificar esa compleja relación entre lo individual y las organizaciones como sistemas sociales colectivas. Veamos brevemente estos tres conceptos (Peiró, 1996, págs. 172 y sigs.): a) Los roles: el rol es un modelo estructurado de conducta referido a una posición, o sea, un conjunto de derechos, obligaciones y normas de conducta aprobadas para los individuos que están en esa posición. Queda, pues, de relieve la naturaleza social e interpersonal de los roles. En otras palabras, el concepto de rol es definido frecuentemente como el patrón de conductas esperadas de la persona que ocupa una determinada posición en un sistema social. En el ámbito de la psicología de las organizaciones lo entendemos como el conjunto de expectativas sobre las conductas esperadas de la persona que ocupa una posición en la organización, emitidas por las personas que se ven afectadas por su conducta e, incluso, por el propio ocupante, cuya función es prever, coordinar y facilitar la interacción social reduciendo la gran incertidumbre que hay en la conducta organizacional. Ahora bien, esas expectativas no sólo provienen de otros actores del sistema, sino también de la propia organización que está diseñada precisamente como sistema de roles. Por esta razón, el rol constituye la unidad estructural más básica de una organización al tiempo que determina, en gran parte, las aportaciones, comportamientos y características que se pretenden en la persona en función del rol que ha de desempeñar (véase Peiró, 1984). Estamos, pues, ante uno de los más importantes mecanismos