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Psicología social de la educación 305 interacción social no es sólo un escenario en que todo ello ha de manifestarse, es igualmente, en su mismo discurrir, elemento constitutivo de la subjetividad individual y colectiva». Psicología social de la educación y fracaso escolar No hace mucho, el pensador italiano Norberto Bobbio publicaba un libro con el título de La izquierda y la derecha (1995), en que defendía la idea de que, a pesar de los múltiples cambios ocurridos en los últimos años, sigue teniendo sentido hablar de izquierda y derecha, y que el principal rasgo que las diferencia sigue siendo básicamente el siguiente: la izquierda se preocupa principalmente de buscar la igualdad y la derecha de mantener la diferencia. Aplicado al mundo de la educación ello significa que los enfoques educativos de izquierdas intentarán, ante todo, buscar una igualdad educativa y, por consiguiente, su principal objetivo será la consecución de una igualdad de oportunidades, aunque para ello haya que sacrificar, al menos en parte, la calidad de la enseñanza, mientras que los enfoques educativos de derechas se preocuparán, fundamentalmente, por mantener las diferencias y privilegios, también en el campo educativo, y para ello se interesarán por la calidad de la enseñanza, sacrificando la igualdad educativa. Porque, nos guste o no nos guste, en un sistema de enseñanza de masas, como el nuestro, tras haberse generalizado la educación obligatoria hasta al menos los dieciséis años a prácticamente la totalidad de la población, la igualdad educativa y la calidad de la enseñanza son dos parámetros difíciles de reconciliar. Porque aún hoy —o tal vez más hoy que nunca— el principal problema de la educación sigue siendo el fracaso escolar, pero con todas sus implicaciones (desplazamiento del sistema escolar y del sistema productivo, o al menos de sus más altos niveles, así como de los privilegios consiguientes, etc.). La pregunta clave siempre fue: ¿por qué fracasan en la escuela tantos niños pobres? Pregunta que hoy día hay que formular de otra manera, pero para preguntar lo mismo: ¿por qué los hijos e hijas de la clase trabajadora siguen fracasando en la escuela, incluso cuando ya no son pobres? Las cosas aquí son más complejas de lo que parece a primera vista, porque si antes era fácil responder a la pregunta de por qué fracasaban los niños pobres, diciendo que precisamente porque eran pobres, porque estaban peor alimentados, tenían más enfermedades, peores viviendas, menos instrumentos de apoyo al estudio, etc., hoy día esa respuesta ya no sirve, porque, al menos en España, la mayoría —desgraciadamente no todos— de los hijos de la clase trabajadora ya no están desnutridos ni su situación económica es tal que no puedan comprar libros, etc. Pero siguen siendo ellos quienes fracasan en la escuela. Aparentemente, la realidad está dando la razón a los genetistas como Burt, Jensen o Eysenck, que afirmaban que una prueba de que los pobres fracasan en la escuela porque su dotación genética es también pobre es que a pesar de los profundos cambios que se están produciendo en nuestra sociedad (aumento