Psicología social de la educación
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interacción social no es sólo un escenario en que todo ello ha de manifestarse, es igualmente, en su mismo discurrir, elemento constitutivo de la
subjetividad individual y colectiva».
Psicología social de la educación y fracaso escolar
No hace mucho, el pensador italiano Norberto Bobbio publicaba un
libro con el título de La izquierda y la derecha (1995), en que defendía la
idea de que, a pesar de los múltiples cambios ocurridos en los últimos
años, sigue teniendo sentido hablar de izquierda y derecha, y que el principal rasgo que las diferencia sigue siendo básicamente el siguiente: la
izquierda se preocupa principalmente de buscar la igualdad y la derecha de
mantener la diferencia. Aplicado al mundo de la educación ello significa
que los enfoques educativos de izquierdas intentarán, ante todo, buscar
una igualdad educativa y, por consiguiente, su principal objetivo será la
consecución de una igualdad de oportunidades, aunque para ello haya que
sacrificar, al menos en parte, la calidad de la enseñanza, mientras que los
enfoques educativos de derechas se preocuparán, fundamentalmente, por
mantener las diferencias y privilegios, también en el campo educativo, y
para ello se interesarán por la calidad de la enseñanza, sacrificando la igualdad educativa. Porque, nos guste o no nos guste, en un sistema de enseñanza de masas, como el nuestro, tras haberse generalizado la educación
obligatoria hasta al menos los dieciséis años a prácticamente la totalidad de
la población, la igualdad educativa y la calidad de la enseñanza son dos
parámetros difíciles de reconciliar. Porque aún hoy —o tal vez más hoy que
nunca— el principal problema de la educación sigue siendo el fracaso escolar, pero con todas sus implicaciones (desplazamiento del sistema escolar y
del sistema productivo, o al menos de sus más altos niveles, así como de los
privilegios consiguientes, etc.). La pregunta clave siempre fue: ¿por qué
fracasan en la escuela tantos niños pobres? Pregunta que hoy día hay que
formular de otra manera, pero para preguntar lo mismo: ¿por qué los hijos
e hijas de la clase trabajadora siguen fracasando en la escuela, incluso
cuando ya no son pobres? Las cosas aquí son más complejas de lo que
parece a primera vista, porque si antes era fácil responder a la pregunta de
por qué fracasaban los niños pobres, diciendo que precisamente porque
eran pobres, porque estaban peor alimentados, tenían más enfermedades,
peores viviendas, menos instrumentos de apoyo al estudio, etc., hoy día esa
respuesta ya no sirve, porque, al menos en España, la mayoría —desgraciadamente no todos— de los hijos de la clase trabajadora ya no están desnutridos ni su situación económica es tal que no puedan comprar libros, etc.
Pero siguen siendo ellos quienes fracasan en la escuela. Aparentemente, la
realidad está dando la razón a los genetistas como Burt, Jensen o Eysenck,
que afirmaban que una prueba de que los pobres fracasan en la escuela
porque su dotación genética es también pobre es que a pesar de los profundos cambios que se están produciendo en nuestra sociedad (aumento