304
Anastasio Ovejero Bernal
Por otra parte, una serie de líneas de investigación jalonan la historia de
la psicología social de la educación definiéndola de una forma muy concreta, constituyendo auténticos hitos definitorios de la disciplina, entre los
que me gustaría destacar por orden cronológico los cinco siguientes:
1) La sociometría de Moreno (1934), que posteriormente se aplicó
básicamente al campo escolar, hasta el punto de que el test sociométrico,
que nos permite conocer tanto la estructura real del grupo-clase como la
posición de los alumnos dentro de ella, ha sido muy probablemente el instrumento de diagnóstico más utilizado en la escuela.
2) El estudio de los estilos de liderazgo del profesor y sus consecuencias: en 1939, Lewin, Lippitt y White hicieron una tipología (liderazgo
autoritario, democrático y permisivo o laissez-faire) que aún es la más utilizada.
3) Estudios sobre la desegregación escolar, que antecedieron y sucedieron a la entrada en vigor en los Estados Unidos de la llamada Ley Brown,
que en 1954 obligaba a las escuelas norteamericanas a integrar en las mismas escuelas y las mismas aulas a los niños pertenecientes a diferentes grupos étnicos, principalmente a blancos y negros, totalmente segregados hasta
aquel momento. El objetivo fundamental de esta ley, en cuya consecución
tanto hicieron las investigaciones de los psicólogos sociales, era la reducción del prejuicio.
4) Los estudios clásicos de Rosenthal y Jacobson (1968) sobre las
expectativas del profesor y sus efectos, libro que aún hoy, en mi opinión,
deberían leer todos los psicólogos educativos y escolares e incluso todos los
profesionales de la educación. El estudio de las expectativas interpersonales, tema psicosocial donde los haya, resulta ser hoy día uno de los aspectos más estudiados no sólo por los psicólogos sociales, sino también por los
psicólogos educativos, habiendo generado una cantidad verdaderamente
ingente de investigación y publicaciones (véase una revisión del tema en
Rogers, 1987, así como en Ovejero, 1988, capítulo 4).
5) Finalmente, durante los últimos veinte años están alcanzando un
enorme éxito y sobre todo están demostrando una altísima eficacia para
resolver diferentes problemas educativos (tanto problemas de motivaciones,
como de aprendizaje y rendimiento, o de integración de niños y niñas diferentes), las investigaciones sobre aprendizaje cooperativo (véase Ovejero,
1990a), que en cierta medida se basan en los estudios sobre la construcción
social de la inteligencia (véase una revisión en Ovejero, 1990a, capítulo 4).
Ambas líneas de investigación se basan en los mismos o parecidos supuestos: la inteligencia, así como el aprendizaje, el rendimiento académico, la
motivación escolar, las actitudes interpersonales, las relaciones afectivas,
etcétera, son constructos sociales, o sea, es la interacción social la que las va
construyendo. Y como afirman Torregrosa y Jiménez Burillo (1991), «la
noción de interacción invita a mirar el comportamiento humano como algo
distinto al mero resultado de resortes neurofisiológicos o a la mecánica ejecución de las prescripciones normativas de roles institucionalizados. La