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200 Anastasio Ovejero Bernal prestar atención especial al carácter compartido de la actitud, cosa que ya hacían hace muchas décadas, los pioneros del estudio psicosocial de las actitudes, Thomas y Znaniecki (1918), con lo que se va aproximando al estudio, éste tan de moda en la psicología social de los últimos quince años, de las representaciones sociales. Aunque existe, cuando menos, una diferencia sustancial entre ambos conceptos: el de actitud es más motivacional mientras que el de representación social es más cognitivo, además del significado eminentemente psicologista e individualista que con los años, sobre todo tras la influencia de Gordon Allport, fue adquiriendo el concepto de actitud, frente al significado claramente colectivo del de representación social. Por ello, los estudiosos de las representaciones sociales pretenden, otra cosa es que lo consigan, ir más allá de las actitudes. En efecto, el tema de la cognición social ha sido en los últimos años desarrollado en profundidad y en su ampliación ha ido siendo relacionado con otros factores sociales como el pensamiento colectivo, la ideología, etc., creando con ello las bases para una adecuada explicación del comportamiento social tanto individual como colectivo. Al aislar los mecanismos sociocognitivos que intervienen en el pensamiento social, el estudio de las representaciones sociales ofrece una poderosa alternativa de los modelos de la cognición social. Su alcance en psicología social no se detiene ahí, ya que debido a los lazos que las unen al lenguaje, al universo de lo ideológico, de lo simbólico y de lo imaginario social y debido a su papel dentro de la orientación de las conductas y de las prácticas sociales, las representaciones sociales constituyen objetos cuyo estudio devuelve a esta disciplina sus dimensiones históricas, sociales y culturales. Su teoría debería permitir unificar el enfoque de toda una serie de problemas situados en la intersección de la psicología con otras ciencias sociales (Jodelet, 1986, pág. 494). Esta misma autora, Denise Jodelet, propone la siguiente definición general de representación social (pág. 474): «El concepto de representación social designa una forma de conocimiento específico, el saber de sentido común, cuyos contenidos manifiestan la operación de procesos generativos y funcionales socialmente caracterizados. En sentido más amplio, designa una forma de pensamiento social. Las representaciones sociales constituyen modalidades de pensamiento práctico orientadas hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal» (véase un interesantísimo y completo análisis de las representaciones sociales en Ibáñez, 1988b). Así pues, la representación social es el punto donde se solapa lo psicológico y lo social. De hecho, el concepto de representación social —o más bien, colectiva— aparece en sociología, con Durkheim, pero la teoría de la representación social va a ser esbozada en psicología social por Moscovici (1961, 1981b, 1982, 1984) y actualmente se está aplicando a muy diferentes campos como es, por ejemplo el SIDA (véase Páez y cols., 1991, Basabe y cols., 1996). Sin embargo, no resulta fácil de distinguir el concepto de representa-