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Las actitudes 197 cia de la piel» (Ros, 1985, pág. 223). Esta técnica ha sido utilizada, por ejemplo, para medir los prejuicios. Aparte de los problemas éticos implicados en la utilización de estas técnicas, pues los sujetos no saben con qué finalidad se observan y evalúan sus respuestas, existen también serios problemas de tipo metodológico. Así, bien puede suceder que esas medidas impliquen respuestas, como la salivación, parpadeo, contracción vascular, que hayan sido condicionadas a un estímulo verbal y, por un proceso de generalización semántica, aparezcan al responder a palabras, o bien que impliquen conceptos semejantes en significado al estímulo original. Por ejemplo, Volkova informó de una serie de experimentos llevados a cabo en la Unión Soviética en los que ciertos sujetos fueron condicionados a salivar en respuesta a la palabra «bueno»; subsecuentemente, afirmaciones como «el joven pionero ayuda a su camarada» produjeron salivación máxima, mientras que afirmaciones como «los fascistas destruyeron muchas ciudades», producían salivación mínima. Relación actitud-conducta La mayor parte del interés científico por las actitudes y su estudio radica en la hipótesis de que las actitudes y la conducta están relacionadas, o sea, el comportamiento de la gente refleja sus actitudes. En el caso del prejuicio racial, saber que un grupo de personas blancas mantienen actitudes muy negativas hacia los negros invita a pensar que apoyarán políticas segregacionistas, votarán a senadores conservadores, vivirán en barrios monorraciales, evitarán el contacto con los negros, leerán periódicos y publicaciones de corte racista y evitarán las publicaciones liberales y las antirracistas, primarán en sus creencias aquellos aspectos que sean negativos para los negros, minimizando o ignorando cualquier aspecto positivo y se relacionarán con personas que mantengan actitudes y creencias parecidas (Morales y Moya, 1996, pág. 219). Sin embargo, ¿hasta qué punto es posible predecir las acciones de una persona conociendo sus actitudes? Ya en 1934, La Piere publicó un estudio, ya clásico, en el que mostraba que no existía mucha relación entre las actitudes y la conducta. En efecto, La Piere había viajado por los Estados Unidos con una joven pareja china, visitando 251 restaurantes y hoteles. Se les negó el servicio, debido a la raza de la pareja, sólo en un establecimiento. Seis meses después, envió a cada de los establecimientos que habían visitado un cuestionario que incluía esta pregunta: ¿aceptaría usted miembros de la raza china en su establecimiento? De los 128 que devolvieron el cuestionario (el 50 por 100 de los que había visitado), sólo uno respondió que sí, mientras que 118 (92 por 100) respondieron que no (9 respondieron que dependía de las circunstancias). Así, pues, la gran mayoría dijeron que no atendían a clientes chinos, en tanto que La Piere ya había comprobado que sí los atendían.