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146 Anastasio Ovejero Bernal si las circunstancias le permiten responder: «Porque la ayuda era necesaria y yo soy una persona preocupada por los demás y con ganas de ayudarlos.» d) Aprender respecto al altruismo: Los propios hallazgos, a veces escalofriantes, de la psicología social pueden ayudar a evitar tales «conductas escalofriantes». Probablemente, tras conocer los datos de los experimentos de Milgram, que veremos más adelante, o los de Darley y Latané, los sujetos están dispuestos a hacer frente a las presiones situacionales y a comportarse de una forma menos violenta y más pro social. Como sugiere Gergen (1982), conforme las personas se enteran más de los hallazgos de la psicología social su conducta puede cambiar, invalidando, por tanto, tales hallazgos. Es decir, que existe una serie de presiones situacionales (la conducta de las personas de alrededor, el tamaño del grupo, los aspectos materiales del ambiente físico, como la distribución de los pupitres en el aula, la desindividualización producida por los uniformes o las máscaras, etc.) que nos empujan a comportarnos de forma contraria a la que creíamos que era habitual en nosotros. Pues bien, el mero hecho de conocer que ello ocurre, que tales influencias situacionales y ambientales existen, puede ayudarnos a resistirlas, a que nos influyan menos y, en definitiva, a ser más libres. Así, por ejemplo, Beaman y colaboradores (1978) encontraron que una vez que las personas comprenden por qué los espectadores inhiben la ayuda, se hace más probable que ayuden en situaciones de grupo. Conclusión En conclusión, aunque muchas personas, incluidos muchos psicólogos sociales, creen que el comportamiento altruista no es tal, porque siempre se hace por alguna «razón egoísta e interesada» (placer, interés, acallar remordimientos, etc.), ello, al menos a mi modo de ver, no siempre es así. Además, como sostiene Lamberth (1982, pág. 455), el ayudar a otros porque nos gusta ayudar no resta valor, en modo alguno, a sus acciones; más bien lo que podemos decir es que la especie «Homo Sapiens» ha llegado a un punto en el que le resulta muy satisfactorio ayudar a los demás. En lugar de tratarse de un aspecto negativo del altruismo, me parece que se trata de una razón positiva para ayudar a otros. Si lo que nos produjera satisfacción fuese solamente lo que nos beneficia a nosotros mismos, me parece que el nivel ético de los seres humanos sería inferior al que tenemos cuando encontramos que ayudar a los demás es uno de los placeres que nos ofrece la vida (Lamberth, 1982, pág. 455). Y para terminar, mencionemos los posibles problemas