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La conducta altruista o pro social 145 menos una cosa en común: incluyen a personas diferentes a ellos dentro del círculo humano en que se aplican sus valores morales y sus reglas de justicia. Es decir, estamos ante personas moralmente inclusivas. Por el contrario, la exclusión moral, consistente en excluir a ciertas personas o grupos de nuestro círculo de preocupación moral, tiene el efecto opuesto, de forma que justifica toda clase de daño, desde la discriminación hasta el genocidio (Opotow, 1990; Staub, 1990; Tyler y Lind, 1990). La explotación o crueldad se vuelven aceptables, incluso apropiadas, hacia aquellos que consideramos como no merecedores de ayuda o incluso como no personas. Así, entre otros muchos ejemplos, recordemos que los nazis excluyeron a los judíos de su comunidad moral. «Un primer paso hacia la socialización del altruismo es, por consiguiente, contrarrestar el natural sesgo hacia el endogrupo que favorece a parientes y a la tribu ampliando la gama de personas cuyo bienestar nos preocupe» (Myers, 1995, pág. 506). b) Modelamiento del altruismo: ya vimos que cuando vemos a personas que contemplan una situación de emergencia y no ayudan, probablemente tampoco nosotros ayudaremos. Por el contrario, si vemos a alguien ayudar, es más probable que también nosotros lo hagamos (Sarason y cols., 1991). Pues bien, se encontró que las familias europeas que llegaron incluso a arriesgar sus vidas para rescatar judíos en los años 30 y 40 tenían relaciones afectivas y cariñosas con al menos uno de sus padres, quien, a su vez, estaba también comprometido con causas humanitarias (Londres, 1970): su familia, y a veces también sus amigos, les habían enseñado la norma de ayudar y cuidar a los demás. Esta «orientación valorativa pro social» los llevó a incluir a personas de otros grupos en su círculo de preocupación moral y a sentirse responsables por el bienestar de los demás (Staub, 1991, 1992). Sin embargo, las personas criadas por padres extremadamente punitivos, como en el caso de muchos delincuentes, criminales crónicos y asesinos masivos como muchos nazis, muestran mucha menos empatía y cuidado por los principios que los rescatadores altruistas tipificados mucho después de la época nazi. c) Atribución de la conducta de ayuda a motivos altruistas: «Otra clave para socializar el altruismo proviene de la investigación sobre el efecto de la justificación exagerada: cuando la justificación para un acto es más que suficiente, la persona lo puede atribuir a la justificación extrínseca más que a un motivo interno. Recompensar a las personas por hacer lo que habrían hecho de todas maneras socava por consiguiente la motivación intrínseca. Podemos plantearlo de forma positiva: al proporcionar a las personas la justificación apenas suficiente para impulsar una buena acción (apartándolas de sobornos y amenazas tanto como sea posible), se podría incrementar su placer al realizar esas acciones por sí mismas» (Myers, 1995, pág. 507). Así, los sujetos de Batson y colaboradores (1979) se sintieron más altruistas después de acceder a ayudar a alguien sin recibir pago o sin presión social implícita. Cuando se había ofrecido un pago o existían presiones sociales, la gente se sintió menos altruista y menos satisfecha de sí misma después de ayudar. En definitiva, cuando la gente se pregunta: «¿Por qué ayudo?», es mejor