La conducta agresiva o antisocial
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man que la raíz de la violencia humana está en nuestra propia naturaleza,
olvidan que ésta es en gran medida construida socialmente. Pues bien, a través de la educación, no sólo de la escolar, contribuyamos a construir una
naturaleza humana solidaria. En ello nos va el futuro. Y es justamente el
aprendizaje cooperativo (véase Ovejero, 1990a) la técnica escolar más eficaz
para conseguirlo. Ello supone una visión positiva y solidaria del devenir
humano y una profunda convicción en la posibilidad que tenemos de regular constructivamente nuestros conflictos; d) Identidad personal y social adecuada: una propuesta sin duda eficaz consistiría en ayudar a niños y adolescentes a conseguir una identidad personal y social positivas. Por
ejemplo, pasando los padres más tiempo con ellos, escuchándolos y
jugando con ellos, o implementando en la escuela técnicas de enseñanzaaprendizaje que, como las de aprendizaje cooperativo, ayuden a la mejora de
la autoestima del niño/a e incrementen la solidaridad y el apoyo mutuo
entre ellos. Se sabe, por ejemplo, que la violencia en televisión no afecta a
todos los niños/as por igual. Por el contrario, tiene efectos muy negativos
particularmente sobre aquellos/as que no encuentran apoyo social, que tienen una autoestima más baja, que pertenecen a familias con serios conflictos, desestructuradas, que viven en barrios marginados, etc.
No obstante,
en general, la efectividad de este conjunto de remedios que hemos ido
comentando es más bien relativa, y la prueba más palpable la constituyen
las elevadas tasas de violencia que se dan en el mundo actual. Probablemente, ello se debe a que la agresión es un complejo producto de nuestra sociedad competitiva, no solucionable a nivel individual o psicológico.
Sólo una modificación de las estructuras socioeconómicas que tendiera a
una más justa distribución de la riqueza y que estableciera caminos accesibles a todos para alcanzar metas importantes, resultaría efectivo a la
larga. Pero esto no depende ya de los investigadores de la conducta
social: está en otras manos (Sangrador, 1982, pág. 31).
De hecho, no olvidemos que la mejor prevención de la agresión y la violencia es el fomento de una sociedad más justa, donde las desigualdades
sociales a todos los niveles no sean tan grandes y abusivas como \