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Anastasio Ovejero Bernal
B) Propuestas de quienes consideran la agresión como una conducta
social aprendida: entre estas propuestas, que obviamente van por caminos
bien diferentes a las vistas antes, destacan las siguientes:
1) Medidas propuestas desde las teorías del aprendizaje y el aprendizaje
social: a) Castigo directo al agresor, pues se supone que toda conducta castigada reducirá su probabilidad de emisión. Sin embargo, los efectos de
esta propuesta son complejos y problemáticos, ya que aunque un castigo
leve y razonado puede ser útil, sin embargo un castigo fuerte puede tener
efectos opuestos, dado que resulta frustrante para quien lo sufre, y la frustración es uno de los determinantes de la agresión, como ya vimos. Quizá
por eso las instituciones muy punitivas (cárceles, etc.) que frustran sistemáticamente al individuo internado en ellas sólo consiguen que se comporte
pacíficamente en presencia del agente punitivo (carcelero, etc.), pero generan en él una fuerte agresividad que acabará por descargarse fuera de su
presencia. En consecuencia, la eficacia del castigo directo al agresor no es
generalizable a todas las situaciones y a todas las modalidades de castigo;
b) Castigo de los modelos agresivos a los que nos vemos expuestos. Posiblemente sea ésta una solución relativamente eficaz, aunque no libre de problemas; c) Reforzar conductas alternativas a la agresión. Ésta es, en mi opinión, la solución más lógica y más eficaz de las hasta ahora propuestas, y
consistiría esencialmente en recompensar las conductas cooperativas y
altruistas y no las agresivas. Se trataría también, por ejemplo, de ignorar al
niño cuando se conduce violentamente y recompensarle cuando no lo hace
así; d) Exposición de modelos no agresivos. Se trata de una propuesta complementaria a la anterior: convendría que en televisión aparecieran más
modelos no agresivos, incluso altruistas, que además fueran recompensados
por sus conductas no agresivas.
2) Propuestas más psicosociales: a) Fomentar empatía hacia los demás:
Seymour Feshbach observa que a la mayor parte de la gente le resulta difícil causar voluntariamente un dolor a otro ser humano, a menos que logre
encontrar algún modo de deshumanizar a la víctima. Como consecuencia,
podemos afirmar que creando empatía entre las personas disminuirían los
actos agresivos (Feshbach y Feshbach, 1982); b) Otra medida consiste en
inocular a los niños contra los efectos de la violencia de los medios de comunicación de masas, así como en mejorar sus habilidades sociales y sus capacidades críticas ante la programación de la televisión (Eron y Huesmann,
1984); c) Educación: son muchos los autores que ven como algo imprescindible para controlar la violencia y las conductas agresivas el formar hábitos
sociales de interacción constructiva, no violenta, cooperativa e igualitaria.
Entre tales autores destaca Lederach (1985), quien en un libro titulado justamente Educar para la paz, defiende la tesis de que la paz debe ser enfocada en la educación como «un proceso creativo de “hacer” conflictos,
para que sean productivos». En este sentido, son muchos los autores que
creen que los conflictos no son negativos. Por el contrario, pueden ser altamente positivos, si sabemos resolverlos constructivamente. Y quienes afir-