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Anastasio Ovejero Bernal
donde la televisión llegó más tarde, el índice de homicidios se elevó también más tarde. En el sector blanco de Sudáfrica, donde la televisión fue
introducida en 1975, una duplicación casi similar de las tasas de homicidios
no comenzó sino después de esa fecha (Centerwall, 1989). En conclusión,
aunque algunos autores dudan de la existencia de esta relación entre televisión y conducta agresiva (Freedman, 1988; McGuire, 1986, etc.), Susan
Hearold (1986) reunió los datos de 230 estudios correlacionales y experimentales, con un total de más de 100.000 sujetos, concluyendo que ver
conducta antisocial sin duda está asociado con la conducta antisocial. En
conclusión, a pesar de las agrias polémicas que han suscitado estos temas,
a menudo no ajena a los intereses de los poderosos canales de TV americanos, casi todos los estudios que se han hecho en este campo indican que
la violencia en las películas (cine o televisión) aumenta la conducta agresiva
de los espectadores (Leyens y Herman, 1979).
La visión frecuente de violencia televisada no sólo tiene un impacto
directo sobre la disposición del espectador a comportarse agresivamente;
además influye en las actitudes hacia la agresión. La gente que ve en la
televisión que los conflictos a menudo se resuelven violentamente, y que
un acto agresivo tiende a ir seguido de otros, sobreestima también la probabilidad de acabar, a su vez, siendo víctima de la violencia, se muestra
suspicaz con los demás, y exige una mayor inversión estatal y sentencias
más severas en la lucha contra el crimen. Por re