La conducta agresiva o antisocial
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cuanto más agresivamente se comportaban más impopulares eran; 3) los
niños/as que rendían menos en la escuela veían más la televisión que quienes rendían más, y estaban más influidos por los modelos violentos que
contemplaban (Watson y cols., 1984, pág. 331). Cuando agreden a sus
compañeros se hacen impopulares, y a medida que desciende su popularidad entre sus compañeros más ven la televisión y más se dejan influir por
sus modelos agresivos.
Por último, conviene conocer también una serie de factores que desinhiben la conducta agresiva, aumentando, obviamente, la probabilidad de
que tal conducta se emita. Como señala Sangrador, a través de la socialización hemos adquirido un conjunto de autorrestricciones para la agresión.
En consecuencia, para que se dé un acto agresivo, es preciso que tales
autorrestricciones o autocondenaciones se debiliten, produciéndose así una
desinhibición de la conducta agresiva. Tal desinhibición puede llevarse a
cabo a través de los siguientes mecanismos (Sangrador, 1982, pág. 27):
1) Justificación de la agresión en base a principios superiores: la soberanía
nacional, el honor patrio, etc.; 2) Desplazamiento de la responsabilidad por
la agresión a una autoridad, con lo que el agresor queda libre de culpa: el
aviador que lanza una bomba atómica puede no sentirse culpable, puesto
que sólo obedecía órdenes; 3) La desindividuación: al integrarse un individuo en un grupo agresivo, se produce una pérdida de la individualidad, su
responsabilidad queda difuminada en el grupo y se produce así una desinhibición de la agresión, como ocurre por ejemplo en el caso de los linchamientos. Además, en algunos casos, el anonimato del individuo es prácticamente total cuando los miembros del grupo van de uniforme o más aún
en el caso del Ku-Klux-Klan cuyos miembros actúan bajo sus capuchas.
Todo ello permite que se cometan actos agresivos impunemente; 4) Deshumanización de las víctimas: cuanto menos similar a nosotros percibamos a la
víctima, más fácil será la emisión de la conducta agresiva. De hecho, se
sabe que la mayoría de los alemanes durante el III Reich habían deshumanizado cognitivamente a los judíos, de tal manera que, si era necesario, les
costaba menos agredirlos; 5) Atribución de la culpa al propio agredido, con
lo que se facilita enormemente la agresión. De ahí las campañas propagandísticas en épocas de guerra que intentan convencer de la intrínseca perversidad del adversario; 6) Desensibilización del propio agresor: a través de
la ejecución constante de actos agresivos, cada vez el nivel de agresión que
puede ejecutarse sin desagrado es mayor. El entrenamiento en la violencia
desensibiliza y reduce las inhibiciones hacia la agresión.
Podemos añadir un último factor desinhibidor, el alcohol, que puede
tener el efecto de reducir las inhibiciones contra la agresión, especialmente
en personas enojadas. El alcohol puede tener el efecto de reducir las inhibiciones contra la agresión, especialmente en personas enojadas. Por ejemplo, en USA el consumo de alcohol causa alrededor del 67 por 100 de los
crímenes violentos.