era? Volvía entonces con descontento a esas páginas contradictorias, que no
conformaban, que parecían no ser lo que necesitaba.
Y luego, ese desgarramiento entre su mundo conceptual y su mundo subterráneo.
Había abandonado la ciencia para escribir ficciones, como una buena ama de casa
que repentinamente resuelve entregarse a las drogas y la prostitución. Qué lo había
llevado a imaginar esas historias? Y qué eran, verdaderamente?
Por lo general, las ficciones eran consideradas como una suerte de mistificación,
como una tarea poco seria. El profesor Houssay, Premio Nobel, le retiró el saludo
cuando se enteró de su decisión.
Sin haberlo advertido, se encontró bordeando el cementerio de la Recoleta. Lo
subyugaban esos conventillos de la calle Vicente López, y sobre todo la idea de que
R. pudiese vivir en algún cuartucho por ahí, en ese altillo medio tapado por ropa
secándose.
Y Schneider, qué tenía que ver con la obra? Y quién era esa "Entidad" que le
impedía llevarla a cabo?
Sospechaba que Schneider era una de las fuerzas que actuaba desde alguna parte,
que seguía haciéndolo, a pesar de su desaparición durante años, como si hubiera
sido obligado a retirarse por un tiempo. Pero acechando desde lejos, y ahora, al
parecer, de nuevo en Buenos Aires.
La otra presencia, ya lo sabía.
Y de pronto comprendió que su preocupación por Sartre no era producto del azar
sino de esas mismas fuerzas que lo hostigaban. No era el problema de la mirada,
de los ojos? Los ojos. Víctor Brauner. Sus cuadros llenos de ojos. El ojo que
Domínguez le arrancó.
Mientras seguía caminando hacia cualquier parte, desconfiaba de todo. Los espías
eran lanzados en algún lugar de Inglaterra, hablando el inglés a la perfección,
vistiendo y tartamudeando como egresados de Oxford.
Cómo distinguir al enemigo? Ese muchacho que vendía helados, por ejemplo: era
necesario observarlo cuidadosamente. Le compró un helado de chocolate, se fue, o
aparentó que se iba, para volverse hacia él de pronto y observarlo en los ojos. El
chico se sorprendió. Pero esa sorpresa podía ser el resultado de su inocencia o de
un sutil aprendizaje. Era una tarea infinita: ese sujeto con la escalera, aquella
mecanógrafa o empleadita, ese chiquillo que jugaba o simulaba jugar. No emplean
niños los regímenes totalitarios?
Se encontró frente al departamento de los Carranza, aunque no recordaba haberse
propuesto ir allí.
Se hundió en el sofá, oyó algo sobre Pipina. Cómo, cómo? La conferencia en la
Alianza. La Alianza y Pipina? Pero qué diablos era eso?
Beba se rió: pero no, idiota, se refería a Sartre.
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