Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Una conmoción, allá entre los juncos. Los hombres robots que llegaban al
lugar donde habíamos estado antes.
Un grito.
Nos habían visto.
Una descarga de metralla.
Vi los agujeros nítidos en el plexiglás.
Un rugido ensordecedor.
Favalli había puesto en marcha los motores, Favalli recordaba.
Más tiros.
Me agaché y apreté el disparador, sin apuntar, en la dirección general de los
hombres robots.
Alzamos vuelo, por fin, pero no todo lo rápido que hubiera deseado.
Más balazos perforando el plexiglás.
Los vi venir corriendo por entre los juncos y seguí disparando; el viejo, el
rastreador, tropezó con algo y cayó. O, quizá, alguno de mis proyectiles le
alcanzó. Ante una maniobra de Favalli, el helicóptero se torció, golpeó contra
una rama; hubo otro sacudón y, por fin, ya ganábamos altura. No más nuevos
agujeros en el plexiglás.
Desaparecieron allá abajo los hombres robots; sólo quedaron juncos, sauces, el
agua del río...
—¿Y ahora?¿Para dónde vamos?
La voz de Favalli sonó lejana, muy cansada...
—Al norte, Fava... No sé si podremos ir muy lejos, todo depende del
combustible. Pero allá, hacia el norte, están los que resisten a los Ellos... De
aquel lado, al menos, vi venir cohet