Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Me lancé a la carrera pero no anduve ni siquiera un par de metros. Un brazo
grande, fuerte, me frenó de pronto.
¡Favalli!
Casi al mismo tiempo algo me estalló en la mandíbula, vi luces, caí de
espaldas. Aturdido, tardé en reaccionar, hasta que sacudí la cabeza y sentí sus
manos tanteándome ansiosamente la nuca, los lados del cráneo. Lo miré. Pude
por fin enfocar los ojos; y a desaparecía el efecto del puñetazo.
Me sonrió, aliviado.
—No tienes ningún telecomando... —habló como deslumbrado, como si le
resultara un sueño comprobar que yo no era un hombre robot.
—Tampoco tú lo tienes. Yo te lo saqué.
—Adiviné que habías sido tú —los ojos se le nublaron; la experiencia pasada
como hombre robot estaba demasiado fresca—. Desperté cuando te alejabas.
Te vi atacar al hombre robot junto al helicóptero. Pensé que tú no podías ser
un hombre robot pero quise estar seguro.
Sacudí otra vez la cabeza; sí, ya estaba del todo despejado. Pero el peligro en
que estábamos me golpeó como una ola.
—Pronto, Favalli... ¡Al helicóptero! No tenemos un segundo que perder... En
cualquier momento los tendremos encima.
Me levanté y eché a correr hacia el helicóptero. Favalli me siguió aunque el
desconcierto se le pintaba claro en el rostro: él no conocía enteramente la
situación. El hombre robot noqueado por mí no se había movido. Le quité la
metralleta, se la pasé a Favalli, y subí a la "burbuja" del helicóptero.
Favalli se sentó a mi lado.
—¡Pronto!¡Aparecerán en cualquier momento! ¿Qué esperas, Fava?
—Pero... —me miró sorprendido— ¡Si yo nunca manejé un cacharro de éstos!
¡Y tú bien lo sabes!
Quedé helado. Tampoco yo sabía manejar helicópteros... Pero él, Favalli, había
piloteado el aparato que me persiguiera.
—Trata de acordarte... —lo apuré—. Nunca manejaste "antes", pero cuando
eras hombre robot lo hiciste... ¡Y muy bien!
Cerró los ojos, se le arrugó la frente, una expresión dolorosa le endureció la
boca. Dolía, sin duda, recordar.
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