Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Sacudí la cabeza.
—Vámonos a la casa —ordené—. Pueden vernos los hombres robots desde el
río.
Me siguieron.
Una casita blanca moderna, una galería con enrejado de madera verde, un
cartel muy pintado: "Las Hortensias".
—Tengo hambre —dijo el Bocha apenas entramos en el comedor, un cuarto
grande y casi vacío de muebles.
—También yo —y traté de sonreír. Pero no había nada en el aparador. Ni
platos, ni vasos: nada.
—Mejor se quedan aquí, ustedes dos —dije—. Trataré de buscarles algo para
comer. Seguro que algo encontraré. Descansen, que les hace falta, y traten de
no asomarse.
No me contestaron, pero obedecieron y se sentar