Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
blanca, con mucho vello, se aferró a la borda. Saqué un remo y golpeé, de
punta, directamente a la cabeza. Le di de lleno, vi sangre en la sien del
hombre antes de que se soltara y medio desapareciera bajo el agua. El otro ya
se aferraba a la proa, pero no le di tiempo para más: alcé el remo y golpeé de
nuevo, apoyando el golpe con todo el peso del cuerpo.
Se soltó; la corriente lo llevó.