Test Drive | Page 97

igual a la ocasión que me condena al género más duro de tormento. Pero si Amor es dios, es argumento que nada ignora, y es razón muy buena que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién ordena el terrible dolor que adoro y siento? Si digo que sois vos, Fili, no acierto; que tanto mal en tanto bien no cabe, ni me viene del cielo esta rüina. Presto habré de morir, que es lo más cierto; que al mal de quien la causa no se sabe milagro es acertar la medicina. –Por esa trova –dijo Sancho– no se puede saber nada, si ya no es que por ese hilo que está ahí se saque el ovillo de todo. –¿Qué hilo está aquí? –dijo don Quijote. –Paréceme –dijo Sancho– que vuestra merced nombró ahí hilo. –No dije sino Fili –respondió don Quijote–, y éste, sin duda, es el nombre de la dama de quien se queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser razonable poeta, o yo sé poco del arte. –Luego, ¿también –dijo Sancho– se le entiende a vuestra merced de trovas? –Y más de lo que tú piensas –respondió don Quijote–, y veráslo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi señora Dulcinea del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros tienen más de espíritu que de primor. –Lea más vuestra merced –dijo Sancho–, que ya hallará algo que nos satisfaga. Volvió la hoja don Quijote y dijo: –Esto es prosa, y parece carta. –¿Carta misiva, señor? –preguntó Sancho. –En el principio no parece sino de amores –respondió don Quijote.